5 Estrategias para lidiar con las personas negativas

Diariamente nos podemos relacionar con personas que son pesimistas y transmiten una energía destructiva que pueden tener una influencia directa sobre nosotros, por ejemplo: en nuestro lugar de trabajo, dentro de la familia o amigos. Generalmente se quejan sin cesar y no ofrecen una solución, incluso pueden hablar mal de otro en su grupo y ocasionar un conflicto. 

Estas personas negativas pueden lograr hacernos sentir mal, contagiándonos su caos, afectando nuestra autoestima y estado de ánimo. Saber cómo lidiar con este tipo de personas en nuestro día a día, tanto fuera y dentro de nuestro hogar nos ayudará a mantener nuestra posición y mantener nuestros límites.

En este artículo veremos las siguientes 6 estrategias que te ayudarán a lidiar con las personas negativas: 

1. Ten claro tus límites 

Es importante poder establecer nuestros límites y posición. No te sientas presionado a tolerar acciones o actitudes que son inaceptables como agresiones físicas, humillaciones o disfunción de mentiras ya que esto afectara tu autoestima e influirá en tus actos. 

Si es necesario tomar una distancia e implantar tus límites está bien, ante todo esta tu integridad. Quizás con esto no podamos controlar las actitudes negativas de los demás, pero sí puedas decidir si dejarás que te afecten o no.

2. Elige tus batallas sabiamente 

No lleves a lo personal las actitudes negativas de los demás, para esto lo mejor es la indiferencia. Si actúas con cólera y rabia habrá ganado la batalla esa persona y le estas dando la oportunidad de que entre a tu vida lo tóxico. En lugar de discutir, es mejor mantener el margen y no darle importancia de la que carece, evitando así una confrontación innecesaria. 

3. Focalizate en lo positivo

Las personas negativas siempre están enfocados en las cosas malas no solo de los demás sino de sí mismo, en este caso lo mejor es dirigir las conversaciones hacia un foco positivo, esto hará que la situación cambie de tono. Mantén una actitud positiva y no permitas que las opiniones de los demás afecten tu percepción.

4. Demuéstrales el problema que tienen

En el fondo estas personas tienen una insatisfacción con ellas mismas y sufren de una irritabilidad, dado a esto tienden a ser más desconfiados y ser incapaces de disfrutar lo bueno que les rodea. 
Por ello, ante una situación de tensión podemos expresarles que están equivocados con fundamentos y que estamos para apoyarlos si realmente quieren cambiar esa actitud. Con suerte podría cambiar su comportamiento y así mejorar sus relaciones sino  lo mejor será evitar e ignorar.   

5. Rodéate de personas positivas 

Toma en cuenta que la inteligencia emocional es importante para poder reconocer cuando alguien que nos rodea no nos está haciendo bien y cuando necesitamos ayuda para poder lidiar o salir totalmente de la relación negativa. Para esto es importante tener a nuestro lado personas que a pesar de todo tengan algo bueno que aportar a nuestra vida. 

Por último, no te aferres, ni asumas emocionalmente la situación de la persona negativa. Recuerda que eres únicamente responsable de tus acciones y de tus palabras por lo tanto los demás deben ser consecuentes con sus emociones. 

Cómo controlar la ira con la técnica del semáforo

Todos en algún momento hemos recibido las señales físicas cuando estamos muy enojados y coléricos por ejemplo: sudar las manos, la respiración se agita, la cara se enrojece, los músculos se ponen tensos, se nubla la vista o sientes un vacío en el estómago entre otros. 

En este estado es bueno aplicar la técnica del semáforo, la cual nos alerta cuando estamos muy enojados y en base a esta comenzamos a controlar nuestras emociones. Esta técnica no se centra solo en la situación emocional de la persona, sino que trata de lograr mejorar el comportamiento ante situaciones buenas o malas. 

Este método no solo es bueno para los adultos, también para los niños incluso se utiliza mucho para enseñarles a gestionar sus emociones negativas. En este artículo te mostraremos cómo utilizar la técnica del semáforo tanto en niños como adultos. 

A continuación, debemos asociar los colores con las emociones y la conducta: 

1. Rojo: Pararse

En este caso, el semáforo nos indica que debemos detenernos y controlar la emoción por ejemplo en los adultos: cuando estamos molestos con sentimientos de rabia o ira y queremos agredir a alguien lo mejor es tomarse un tiempo fuera y no drenar la ira con quien esté a nuestro lado. 

En los niños esto ayudará a que cuando vean las señales de la luz roja se detenga y así hacer que el niño sea consciente de su estado. Si notamos que la rabia lo está controlando y no cambia su actitud, se enfrentará a una consecuencia.

De no parar, la penalización deberá ser impuesta y es cuando definitivamente le mostraremos el color rojo. El semáforo se puede elaborar con papel y colores.

2. Amarillo: Pensar 

Después de detenerse es el momento de pensar y darse cuenta del problema que se está planteando y de lo que se está sintiendo. Para los niños que están agitados y no han salido de su estado es mejor darles un tiempo para que se calmen.

Una vez que esté tranquilo lo invitamos a pensar y dialogar la situación, haciendo que se conecten con la emoción que esa persona o situación lo hizo sentir. 

3. Verde: Solucionar

Después de tomar un tiempo para pensar surgen otras alternativas para solucionar el conflicto o problemas. En esta fase se busca la mejor solución a lo que nos molesto, por ejemplo: hablar con esa persona que nos hizo enojar y desde nuestra emoción decir lo que sentimos.

En el caso de los niños luego de hablar y recibir explicaciones sobre lo que se plantea se busca la mejor opción. Si el niño se mantiene así le podremos mostrar el color verde y felicitarlo por su autocontrol. 

Para concluir, esta técnica nos enseña sobre la inteligencia emocional y el autocontrol, siendo un método que se aplica en múltiples casos y dándonos resultados positivos. Lo más importante es no dejar que la conducta negativa avance y que la persona pueda cambiar su forma de comportarse controlando sus emociones. 

14 ideas para conservar la calma en momentos difíciles a través del dibujo y la creatividad

Existen momentos en los que las emociones parecen cegarnos y dejarnos sin capacidad de respuesta. Son tan intensas que no podemos encontrar las palabras adecuadas para describir todo lo que sentimos y nos hacen pensar que no existe solución. Si te está pasando esto, aquí encontrarás algunas ideas que, aunque sencillas, pueden ayudarte a recuperar un poco de esa calma que necesitas para encontrar una salida y tomar las decisiones más saludables para ti.

Ahora, antes de empezar, queremos que sepas que esto no solo te pasa a ti, no es extraño, no estas solo. Todos sufrimos, lloramos o herimos a veces, pero esto también pasará, mientras estemos aquí, aunque parezca imposible, en realidad siempre existirá una solución ahora, mañana o más tarde.

  1. Si estás enojado, dibuja líneas.
  2. Si estás preocupado, practica origami.
  3. Si estas aburrido, llena una hoja de papel con colores diferentes.
  4. Si estás tenso, dibuja utilizando figuras geométricas (usando una hoja cuadriculada).
  5. Si estás indignado, rompe el papel en pedazos pequeños.
  6. Si estás cansado, dibuja flores.
  7. Si estás decepcionado, haz una réplica de una pintura.
  8. Si necesitas recordar algo, dibuja laberintos.
  9. Si quieres entender tus sentimientos, dibuja un autorretrato.
  10. Si necesitas entender algo, dibuja mandalas.
  11. Si quieres concentrarte en tus pensamientos, dibuja usando puntos.
  12. Si necesitas restablecer las energías, dibuja paisajes.
  13. Si quieres entender tus deseos, haz un collage con todas las ideas que tengas en la mente y colócalo en el techo de tu habitación.
  14. Si estás triste, dibuja un arcoíris y coloca en el post its con las cosas (pequeñas o grandes) que te hayan hecho feliz.

7 Actitudes que acaban con nuestra energía

¿Te sientes sin ánimos de nada, desganado, quizás sin energía o agotado mental y físicamente? Puede ser que tengas algunas actitudes que están acabando con toda tu energía. Ciertamente la energía nos impulsa y es esencial para realizar nuestras actividades diarias y satisfacer nuestras necesidades más básicas. 

Esto nos lleva a preguntarnos ¿A dónde se va toda nuestra fuerza? y ¿Qué nos quita tanta energía?, a pesar de que realicemos una actividad física es nuestra mente la que absorbe toda nuestra energía. Esto muchas veces surge dado a nuestros hábitos, pensamientos, actitudes incluso algunas actividades que sin darnos cuenta consumen toda nuestra energía y nos perjudican. 

En este artículo, te ayudaremos a identificar estas actitudes y te damos algunas soluciones para manejarlas.

1. Pensar demasiado las cosas

Muchas personas tienden a preocuparse y pensar demasiado un asunto esto puede hacer que tu estado de ánimo decaiga y no te ayuda a encontrar una solución a tus problemas sino que te centras en un enfoque distorsionado y pesimista de la vida. 

Si tienes tendencia a pensar demasiado, es importante que puedas desarrollar la capacidad de cortar esos pensamientos que te están limitando, de reinterpretar y sustituir estos por otros más constructivos que sí te hagan accionar y elevar tu fuerza de voluntad.

2. Querer complacer a todo el mundo

El intentar agradar a todos puede terminar por dejar de complacernos a nosotros mismos. Muchas veces les decimos sí a los demás, aun en contra de nuestra voluntad, deseos y sentimientos. En este caso, es clave decir no a todo lo que nos anule y ponernos en primer lugar, respetando nuestro valor ante los demás para esto podemos aplicar la asertividad.

3. Quejarse de todo 

Las quejas incesantes pueden agobiarnos incluso acabar con la paciencia de los demás. Sentir molestia ante una situación del día es normal y saludable pero, hacerlo una y otra vez es inútil, no soluciona el problema y sobretodo consume nuestra energía. Por tanto, cuando pienses en quejarte pregúntate si vale la pena, si realmente existen razones o si solo es una manía. 

Quejarse de todo aparte de consumir tu energía te quita un tiempo valioso de tu vida que no se puede recuperar. Cambia lo que si puedes y aprende a pasar la página cuando no puedes hacer nada. 

4. Intentar controlarlo todo

Esta es una de las actitudes que puede agotarnos más, ya que supone un gran esfuerzo que solo nos causa frustración y ansiedad al no llegar a ese control que deseamos. Lo cierto es que, no podemos controlar todo lo que nos rodea, hay situaciones que se nos escapan de las manos. El mundo está en constante movimiento y lo que es hoy ya mañana no será, por más que queramos no podremos controlarlo todo.  

Es importante dejar que todo fluya desde las situaciones hasta las relaciones, siendo conscientes de que el control nos daña y podemos perjudicar a otros. 

5. Vivir la vida ajena 

Vivir nuestra vida desde la óptica de otros, es como si no te sintieras feliz contigo misma y con tu vida. La persona que vive su vida a través de los demás carecen de amor propio. Para poder tratarlo debemos tomar conciencia del problema emocional y trabajar la autoestima de manera real y objetiva a través de nuestra realización como persona.

Asumiendo nuestro rol de protagonista y no de víctimas, tomando el control de nuestra vida. 

6. Vivir en el pasado 

Cuando vivimos anclados en el pasado, revivimos continuamente lo que ya pasó, que por desgracia no podemos recuperar eso que anhelamos del pasado, por más que queramos cambiarlo ya ocurrió. 

En cambio tenemos el presente para accionar y hacer las cosas que sí están a nuestro alcance. Vivir del pasado nos resta energía y nos agota mentalmente, es necesario vivir el aquí y el ahora, aprovechar nuestro tiempo que es corto para poder crecer y avanzar con nuestra vida. 

7. Estar con personas negativas.

Existen personas a nuestro alrededor que son tóxicas, nocivas y dañinas que en vez de sumar nos restan. Estas personas se quejan en vez de solucionar, nos desmotivan, se quedan parados en vez de avanzar, roban toda nuestra energía y tiempo, incluso pueden contagiarnos su negatividad y nos pasan sus problemas. 

Es importante que estés atento a este tipo de personas y evites caer en sus redes, se consciente que no te aportan nada provechoso ni auténtico, por eso lo mejor es dejar claro desde el principio qué esperas de esa relación y qué puedes dar a cambio. No permitas que rebasen tus límites y manipulen tus sentimientos.

7 Cosas que solo entienden las personas con ansiedad

Todos en algún momento hemos sentido en nuestra vida ansiedad, siendo una reacción emocional ante un posible peligro o amenaza, por ejemplo: ante un examen, una entrevista de trabajo, una exposición en público, tras una ruptura o la pérdida de un ser querido.

Cuando se presenta sin razón aparente, es cuando la ansiedad comienza a preocuparnos. Las personas pueden experimentar una angustia permanente de la que no se pueden librar, tomando el control de su vida de una manera tal que le impide realizar sus actividades diarias. 

Muchas personas lo sufren en silencio, afectando su vida y sus relaciones. La ansiedad encierra muchas cosas que solo la persona que lo padece lo sabe y que generalmente las demás personas no lo comprenden. 

En este artículo, te enseñaremos los aspectos que más se desconocen de las personas que sufren de ansiedad .

1. Las personas con ansiedad no están locas

La mayoría de las veces se cree que las personas con ansiedad son locas, ya que pueden comportarse de forma negativa con los demás y a veces, sus actos te puedes resultar incomprensibles. Debido a esto no saben a quién acudir y ciertamente las personas con ansiedad no saben por qué lo sufren.

Es por eso, que una persona con ansiedad necesita compasión, alguien que pueda escuchar sin juzgar, ni reprochar y mucho menos criticar. Sola basta con hacerles saber que estamos a su lado incondicionalmente, aun si no entendamos lo que sufre y vive. Esto puede hacer la diferencia y le ayudará enormemente en su tratamiento. 

2. Se sienten atrapados por la ansiedad y no pueden escapar

Las personas no han elegido sufrir de ansiedad, esto solo surge por una serie de factores que lo acosan y lo acorralan sintiéndose en este estado que no puede escapar como si fuera un laberinto sin salida. Nada los libera, no saben cómo hacerlo y por mucho que lo intente, vuelve a experimentarlo. 

La solución está en buscar la ayuda adecuada para poder enfrentar aquello que ocasiona la ansiedad y así lograr manejarla. 

3. Incluso las tareas más simples puede lograr desesperarla

Cuando la ansiedad es patológica nos roba energía y en ocasiones las cosas más sencillas pueden desbordar a la persona, ya que no saben por dónde empezar o simplemente se paralizan por creer que las cosas saldrán mal. 

La mejor opción en este caso es no presionar, ni decir “relájate” o “cálmate” ni intentar minimizar el problema, sino darle el apoyo adecuado para que lo pueda superar. 

4. No pueden explicar lo que sienten a causa de la ansiedad 

La persona que vive con ansiedad le resulta difícil expresar en palabras lo que siente. Sin embargo, esto no significa que sus preocupaciones y sentimientos sean menos reales. De hecho, la tendencia a minimizar su estado causa más daño que bien. La persona con ansiosa no necesita a alguien que le diga que lo que siente no es real, sino a alguien que le apoye y escuche.

5. La crisis de ansiedad se puede presentar de manera inesperada

Las personas con ansiedad suelen sufrir de ataques de pánico, pueden sentir que su corazón se desboca, les resulta difícil respirar y su mayor temor es morir. Son síntomas intensos que logran atrapar a la persona que lo padece, desconectandolo de la realidad, aun sabiendo que todo está en su mente y que es irreal, esto no es suficiente para detener el ataque.  

En estos casos, es importante comprender a la persona y hacer que su atención se centre en otra realidad que no sea el miedo, que practique su respiración y hacerle ver que nada malo le ocurrirá.

6. Se preocupan por las cosas más insignificantes, pero no pueden evitarlo 

Las personas con ansiedad se pueden preocupar por el más mínimo detalle a pesar de que para la mayoría son insignificantes. Esto tiende a ocurrir por que se adelantan a los acontecimientos y prevén siempre lo peor que puede pasar. A pesar de ser conscientes de ello no pueden evitarlo. Por eso, lo mejor que podemos hacer es ayudarles a dar el primer paso, sin recriminaciones.

7. Sus miedos son reales y pueden ser extremos

Los miedos que sienten las personas ansiosas nos pueden parecer poco creíbles, pero el no compartir estas mismas preocupaciones no quiere decir que estos no sean reales para la persona que lo padece. Estos miedos son reales en su mente y no pueden controlarlos. 

Si pensamos que no podemos controlar una situación o que no saldremos airosos de ella, eso se convertirá en una profecía que se autocumple. Lo más importante es enfrentarlo con ayuda especializada y aprender de la ansiedad para así saberla manejar y que no sea esta la que nos controle.

¿No te tienes confianza? Conoce la parábola de la seguridad en sí mismo

Un día un joven acudió a un sabio maestro para recibir un consejo:

— Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que soy inútil, que hago todo mal, que soy tonto y bastante torpe, no creo que así pueda tener un lugar en el mundo o en la vida de alguien, ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para ser valorado?

El maestro sin mirarlo, dijo:

— Lo lamento muchacho, no puedo ayudarte, primero debo resolver mi propio problema. Tal vez más tarde… y haciendo una pausa agregó: — aunque, si tú me ayudas a mí con mi problema, sería posible que te ayude a resolver el tuyo.

— Eh… sí, está bien maestro— titubeó el joven, pero sintió que era desvalorizado y sus necesidades eran minimizadas una vez más.

—Bien— asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño lo entregó al muchacho y agregó:

— Toma mi caballo y cabalga hasta el mercado. Es necesario que venda este anillo porque tengo una deuda que pagar. Debes obtener por él la mayor suma posible, así que bajo ninguna circunstancia aceptes menos de una moneda de oro. Regresa con la ganancia tan pronto como puedas. El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó al mercado, empezó a ofrecer el anillo a los comerciantes, quienes lo miraban con curiosidad.

Pero cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros lo dejaban hablando solo y sólo un viejito tuvo la amabilidad de explicarle que una moneda de oro era demasiado valiosa como para darla cambio de un anillo. Solo una persona le ofreció una moneda de plata y un utensilio de cobre, pero el joven no debía aceptar menos de una moneda de oro así que rechazó la oferta.

¡Cuánto hubiera deseado el joven tener esa moneda de oro! De ser así, habría podido entregársela al sabio y librarse de la tarea de tener que encontrar a un comprador dispuesto a pagar como mínimo una moneda de oro por el anillo y así finalmente conseguir el consejo que quería para darle solución a su problema. Cansado, triste y sintiéndose incapaz, subió al caballo y volvió con el maestro:

Maestro, lo siento -dijo- no pude conseguir lo que me pediste. Tal vez podría obtener dos o tres monedas de plata a cambio, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

— Qué importante lo que has dicho—contestó sonriente el maestro—. Deberíamos saber primero el verdadero valor del anillo.Toma el caballo y ve al joyero. ¿Quién mejor que él para saber su valor? Dile que quieres vender el anillo y pregúntale cuánto daría por él. Pero esta vez, no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo. El joven volvió a cabalgar.

El joyero examinó el anillo con su lupa, lo pesó y luego dijo:

— Dile al maestro, que puedo darle 58 monedas de oro por su anillo.

— ¡58 MONEDAS! — exclamó el joven.

El joven agradeció por el dato, tomó el anillo y corrió emocionado a la casa del maestro a contarle lo sucedido.

— Siéntate —dijo el maestro después de escucharlo— Tú eres como este anillo: Una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

Moraleja

Muchas veces elegimos la compañía equivocada, nos rodeamos de personas que nos minimizan, nos ignoran y nos hacen creer que nuestras necesidades no cuentan. Tenemos una voz pero en compañía de estas personas no nos sentimos capaces de hablar. Su compañía nos debilita tanto que llegamos a creer lo que nos dicen, cuando la realidad es otra. Todos los seres humanos tenemos fortalezas y áreas de mejora, todos. Por lo tanto, quien te menosprecia también es imperfecto y, por otro lado, tú también tienes fortalezas.

Cuando alguien nos anule debemos recordar que no todo es malo o bueno, tenemos matices, esto nos ayudará a reconocer una crítica constructiva,de una que nos destruye. Una adecuada autoestima es la base de nuestra seguridad y esta consiste en reconocer nuestras capacidades y necesidades de mejora para trabajar en nuestro crecimiento y no permitir que nadie nos quite el valor que merecemos.

Cuando tenemos esta idea clara, nos será más fácil elegir a aquella compañía que aporte a nuestra vida, a aquella que sepa dar críticas constructivas, a aquella que, como nosotros tenga una autoestima adecuada, de modo que pueda reconocer que tanto ella como nosotros tenemos habilidades y no sea tan insegura como para necesitar hacernos sentir menos para que ella pueda sentirse mejor.

Pero como vemos, estas personas nutritivas llegarán a nuestra vida solo si nosotros mismos aprendemos a ser nuestra la mejor compañía, porque los demás son un reflejo de nuestro mundo interior. ¿Qué compañía aceptas en tu vida?

Todos somos luz y oscuridad, depende de nosotros qué parte potenciar: “Los dos lobos”.

Un anciano conversaba con su nieto acerca de cómo se sentía. El anciano dijo: “Todos tenemos dos lobos dentro de nosotros y en este momento, los lobos que están dentro de mí se encuentran en una lucha. Uno de esos lobos es vengativo, violento y colérico. El otro lobo, en cambio, es amoroso, bondadoso, alegre y compasivo”. El nieto se quedó asombrado por lo que su abuelo le había comentado y le preguntó: “¿Qué lobo ganará la pelea en tu corazón, abuelo?” El abuelo respondió: “Aquel que yo alimente”.

Moraleja

Todos tenemos en nosotros un lado luminoso: la bondad, la paz, la comprensión, la alegría; al igual que un lado oscuro: la impulsividad, la ira, el individualismo. En nuestra libertad como seres humanos, la responsabilidad aparece como la mediadora entre estas dos fuerzas que se encuentran en nuestro ser. El objetivo no es anular totalmente a uno para que solo brille el otro, en realidad debemos regular a cada uno y saber en qué situaciones permitir la expresión de cada uno para así lograr nuestro bienestar integral.

Las características que representa el lobo blanco nos permitirá relacionarnos de manera armoniosa y pacífica con los demás, mientras que el lobo negro, si aprendemos aceptarlo, descubriremos que es nuestro mejor aliado ante momentos en los que es necesario que la cólera nos impulse a defendernos de las injusticias, nos permite situarnos a nosotros mismos como prioridad en momentos en los que alguien intente aprovecharse de nosotros.

Como decía el abuelo, todo dependerá de nosotros qué lobo alimentemos en el momento, debemos valorar en qué situaciones debemos dejar que cada uno aflore, la sabiduría está en reconocer los momentos adecuados, no en anular a ninguno de los dos.

La importancia de conectarnos: “El gran banquete”

A una mujer que había trabajado toda su vida para lograr el bien se le concedió un deseo: Antes de morir, quería poder conocer tanto el cielo como el infierno.

Unos seres de luz la llevaron a un gran salón de banquetes. Las mesas estaban llenas de comida y bebidas deliciosas. Alrededor de las mesas se sentaban personas que se veían miserables y hambrientas, no habría sido posible que se vean más desdichadas.

La mujer, conmocionada, preguntó: “¿Por qué están así?”, entonces el ser de luz le respondió: “Mira sus brazos”.

La mujer miró y vio que unidos a los brazos de la gente había palillos largos asegurados sobre el codo. Incapaces de doblar los codos, la gente apuntaba los palillos hacia la comida, pero fallaban y no lograban llevarse nada a la boca, hasta que se dejaban caer en las sillas, hambrientos, frustrados y miserables. La mujer horrorizada exclamó: “De hecho, ¡esto es un infierno! ¡Sácame de aquí!”

Luego fue llevada al cielo. De nuevo, se encontró en un gran salón de banquetes con mesas amontonadas. Alrededor de las mesas había gente riendo, contenta, alegre. “No hay palillos, supongo”, dijo ella. “Oh, sí, los hay. Mire, así como en el infierno son largos y están unidos por encima del codo, pero mire … aquí la gente ha aprendido a alimentarse unos a otros”.

Moraleja

La solidaridad, la unión, el trabajo en equipo, son los ingredientes necesarios para vivir en una sociedad armoniosa en la cual reina la paz. Todo grupo en el que sus integrantes se encuentren distanciados y se mantengan centrados en sí mismos, sin brindar o pedir ayuda, terminará en tragedia.

Lamentablemente, parece que en la actualidad tenemos todo al revés, olvidamos que somos seres sociales y que estamos dejando de lado nuestro crecimiento personal, valores como la solidaridad son cada vez más inusuales y nuestra capacidad de empatía como seres humanos se encuentra debilitada.

¿Qué haremos con nuestra sociedad? ¿Queremos que nuestra sociedad sea un reflejo del cielo o de lo opuesto? ¿Qué estamos haciendo cada uno de nosotros? ¿hacia dónde vamos? ¿Qué tal si nos desconectamos de la red un momento y nos conectamos con nosotros mismos y con quienes están a nuestro alrededor?

“La tienda” ¿Cómo elegimos el amor?

Hace un tiempo, conversaba con una amiga acerca de sus relaciones amorosas. Ella acababa de salir de una relación en la que había sufrido mucho, me contó que durante esa relación se sintió ignorada, despreciada y humillada.

Yo la escuché, consolé, abracé y finalmente le dije que lamentablemente todos, a veces, hacemos malas elecciones, pero lo importante es que nos demos tiempo para sanar, comprender nuestras emociones, aceptar y aprender de cada experiencia que tenemos para poder seguir y aceptar en nuestra vida aquello que nos haga bien.

Cuando se sintió un poco más calmada, me preguntó: ¿Pero por qué me pasa esto? Antes fui pareja de una persona que me hizo sentir muy maltratada, me prometí que no me volvería a pasar, pero ya ves como estoy… Pensé que con él sería diferente, todo se dio tan rápido, cuando lo conocí sentí muchas emociones, me dejé llevar, ¡Parecía tan bueno! Quiero encontrar a la persona indicada, pero todo va tan bien al inicio y al final termina muy mal, siento que estuve con alguien a quien no conocí y con cada ruptura me siento más debilitada.

Me quedé pensando en todo lo que había dicho y finalmente le conté una historia:

A veces encontrar el amor es como comprar en una tienda. ¿Cómo, a qué te refieres? – dijo- Si, es como ir a una tienda con dinero en el bolsillo y mucha hambre. El dinero es el tiempo, cariño, comprension, energía y compromiso que tenemos e invertimos cuando establecemos una relación y el hambre representa nuestras expectativas y ansias de conocer a la persona indicada para nosotros.

Entonces, vamos a la tienda con nuestro dinero y nuestro hambre, entramos y encontramos muchas cosas deliciosas que comer, hay gran variedad: golosinas, jugos, hasta platos de fondo. Ahora, si nuestro hambre es muy intenso, simplemente podemos comprar aquel alimento en el que nuestros ojos se detengan, compraremos lo que sea, con tal de aliviar el hambre.

Entonces, tal vez tus ojos pueden detenerse en una goma de mascar, así que la compras e inviertes tu dinero, la comes y al cabo de unos minutos el chicle se acabó y el hambre continúa. Así que vuelves a la tienda y vuelves a comprar lo primero que tus ojos ven, que podría ser tal vez una galleta, lo que sea con tal de aliviar el hambre. Compras eso que te llamó la atención con el dinero que te queda, pero luego de unos minutos sientes ese hambre otra vez y vuelves a la tienda y haces lo mismo, siempre al azar.

Hasta que de repente te agotas y dices espera, esta vez compraré un plato de fondo, he invertido mi “dinero” en cosas que no necesitaba, cosas que compré solo por hambre. Entonces eliges el plato de fondo que contiene alimentos saludables, nutritivos, que cumplirán la función de llenarte y además de alimentarte. Pero en ese momento pasa algo: No tienes dinero suficiente para comprarlo. Gastaste el dinero que tenías sin pensar, en cosas innecesarias que elegiste por el impulso de saciar el hambre, ahora deberás encontrar la manera de conseguir más dinero y así comprar lo que es realmente necesario.

Algo así pasa cuando elegimos el amor. Si, es cierto que nadie nace sabiendo, pero ese es el punto, aprender de lo que nos ocurre para tomar mejor decisiones, detenernos, pensar antes de actuar, darnos tiempo para elegir, calmarnos un momento. A veces, por nuestras ansias de encontrar a la persona adecuada, no nos damos el tiempo de conocer y así poder elegir en el amor, ni nos damos el tiempo a nosotros mismos de sanar o aprender, actuamos por impulso, iniciando relaciones con personas de las cuales sabemos muy poco, pero con las cuáles nos sentimos muy bien, ignorando que esto podría pasar con más de una persona en nuestras vidas.

Tratamos de llenar una necesidad y a veces esto nos termina dejando con menos de lo que iniciamos, con poca energía, sin capacidad de compromiso, sin ilusión, decepcionados y con muchos daños innecesarios.

Tal vez, antes de pensar en encontrar a la persona adecuada, debemos darnos tiempo para encontrarnos a nosotros mismos. Querer encontrar a una persona con la que compartir nuestro mundo no tiene nada de malo, pero ese es el punto, nosotros compartimos el mundo y la vida que construimos con otro, no esperamos a alguien con ansiedad para que le dé sentido a la nuestra. Sólo cuando nos hagamos cargo de nosotros mismos, será cuando empezaremos a hacer mejores elecciones en el amor.

“Cuando los hijos se van” Hermosa reflexión para los padres

Cuando los hijos se van
se queda el nido vacío…
Y nos dejan los recuerdos
de los momentos vividos.
Cuando los hijos se van
se van como los tuvimos,
como el regalo de Dios
que iluminó el camino.
Como flechas disparadas
que dan en el blanco mismo,
cultivados en el hogar
como una planta de olivo.
Cuando los hijos se van
a cumplir con su destino
buscamos en todo lugar…
Sus travesuras, sus gritos…
Allí crecieron en la fe
que con fe les infundimos.
Cuando los hijos se van
nos quedamos sorprendidos
ojeando aquel álbum viejo
ver que no somos los mismos,
que el tiempo pasó veloz
como el fluir de los ríos;
como el brillar de las estrellas
en negras noches de estío.
Se sienten lágrimas tibias
entre suspiro y suspiro…
Que cumplimos la tarea:
¡Darle educación a nuestros hijos!
Cuando los hijos se van
se queda un rosal marchito
que solo vuelve a brotar
con los hijos de los hijos…
¡Esos alborotadores
que nos movieron el piso!
Con solo verlos venir
sin pedir nuestro permiso.
Galopando en nueva historia
al cerrar nuestro capítulo…
Cuando los hijos se van
se queda el nido vacío…
Y nos dejan los recuerdos
De los momentos vividos.

Autor: Desconocido

Moraleja

Cuando los hijos se van dejan un vacío en la vida de sus padres y a pesar de la seguridad y los sentimientos de protección que estos dan a sus hijos, todos nacimos para navegar los mares de la vida y cumplir con nuestro destino.

En el camino los hijos se llevan las raíces y alas que les han inculcado sus padres, desde los valores y fortalezas adquiridas que serán su base para superar los problemas y adversidades de la vida. 

Quizás como padres, queremos mantener siempre a nuestros hijos a nuestro lado y no dejarlos ir olvidando prepararlos para la vida y que puedan encontrar su propio lugar, donde se sientan seguros y felices. Pero los hijos no nos pertenecen a pesar de que vienen de nosotros y estén a nuestro lado.

Los padres pueden contribuir en la felicidad de los hijos, más no pueden ser felices por ellos. El tiempo pasa rápido y los niños crecerán, serán adultos que tendrán su familia con sus propios propósitos y planes a futuro. 

Soltar a los hijos es difícil pero al final, el mayor orgullo será poder verlos recorrer sus propios rumbos con la seguridad de sus raíces, siendo autónomos y capaces de enfrentarse al mundo.