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Cuanto más conozco a la gente, más me gusta mi perro

No cabe duda que la humanidad se está volviendo cada vez más prejuiciosa, egoísta y mentirosa. Es difícil confiar, de hecho son las personas quienes cada tanto terminan decepcionándonos. Ante esto ¿Qué podemos hacer? La verdad no mucho, pues tenemos que lidiar con las personas todos los días, sin embargo, si nos dieran a elegir entre los animales y las personas, más de una vez elegiremos a los animales.

¿Has escuchado alguna persona que use la expresión “prefiero a mi perro que a las personas”? Es posible que sí, y no una sino muchas veces. De hecho, hoy día muchas personas prefieren lidiar con otras por internet. Todos saben que nadie es tan sincero, pero al menos a través de las redes sociales, muy poco nos importa si nos dicen la verdad o la mentira a menos que tengamos la intención de conocerles en la vida real.

Y es que los humanos siempre se han considerado como seres complicados. Tienen la oportunidad de vivir de manera más simple y sencilla, y el ser tan inteligentes debería resultarles más fácil evitar situaciones complicadas y confusas y llevársela bien. Pero sin embargo, hacen todo lo contrario, utilizan esa inteligencia para mentir, decepcionar y hacerles daño a los demás. Ante algo así ¿Cómo podríamos sentirnos seguros al convivir con otra persona?

Y las cosas no son muy diferentes si se trata de nuestra familia o pareja. De hecho, a veces termina siendo peor. La familia por un lado son esos amigos obligados que sin importar si te hacen bien o mal, siempre seguirás amándolos o queriéndolos y desde luego ayudándoles. Sin embargo, existen casos en donde resulta más fácil pedirle un favor a un amigo o a un desconocido que a un miembro de la familia. Y claro, están los casos en donde los miembros de la misma familia, se mienten y se traicionan.

Por el lado de la pareja casi siempre es lo mismo, allí siempre encontraremos, mentiras, infidelidades, discusiones, uno que quiere controlar más al otro, manipulación, problemas por saber quién tiene la razón o por mantener diferentes puntos de vista, etc. En definitiva, la convivencia se vuelve un poco infernal. Claro que ambas partes ponen lo mejor de sí para llevársela bien, pero no siempre lo consiguen y si lo hacen, deben cambiar su manera de ser para adaptarse a una situación o peor aún a la otra persona.

Dicho todo esto ¿Cómo no preferir la compañía de un perro a la de un humano? Lo que sucede es que estamos obligados a socializar para no volvernos locos, por tanto, solo nos queda aferrarnos a la idea y a la esperanza de que quienes nos rodean serán mejores. No siempre pasará, pero si nos auto convencemos quizás podamos llevar la fiesta en paz. Porque los humanos seguirán siendo una piedra en el zapato de todos, y parece que las cosas están hechas para ponerse peor. Sin embargo, la empatía es un arma poderosa con la que puedes aprender a vivir entre el resto de personas.  

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