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¡Los que perdonan son más fuertes y se acercan al amor de Dios!

El perdón es un hábito de vida para cultivar y cuidar, mantiene el corazón sano, la mente limpia y el alma liviana. No hay persona en este mundo que no merezca tu perdón, porque si aprendemos de Dios, nuestro creador, sabremos que el perdón es por gracia no por mérito.

Puede que haya personas que ni siquiera se arrepienten de lo que te han hecho. Pero el perdón no es para hacerles a ellos bien o mal, es para liberarnos del rencor. El rencor es una compañía amarga y tóxica que nos hace ver el mundo desde un lago muy oscura. Nadie puede acercarse a Dios lleno de tanto rencor e ira. Como dice la palabra de Dios “en la ira del hombre no obra la justicia de Dios”.

La naturaleza de Dios es misericordiosa y perdonadora, y quienes creen en él, es necesario que le imiten. Odiar a una persona no te enriquecerá ni por dentro ni por fuera, al contrario, te hará más pobre y menos agraciado a los ojos de Dios.

Porque como Jesús enseñó en el Padre nuestro, el Padre perdona nuestros pecados, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Sino perdonamos a quien nos hace daño, ¿cómo podremos nosotros disfrutar del don del perdón de Dios?

Dios nos enseña el principio de la gracia a través de sí mismo. Gracia es todo aquello que sin mérito se otorga. Ahora bien, si no perdonas a quien odias, seguramente creerás que por gracia Dios sí te perdonará a ti. Y según la escritura, Él siempre está dispuesto a perdonar, pero nos deja una lección valiosa.

El Señor nos perdona porque en él no habita el rencor, Él es luz y no se puede contaminar con las tinieblas. Es así como el rencor es oscuridad, viene de abajo, solo el diablo es rencoroso, cizañero y lleno de odio. Aprendamos del padre que está en los cielos, no admitamos esta tiniebla en nuestro corazón, pues lo único que hará será entenebrecer nuestro camino y nuestro accionar cada vez más.

Andemos en luz, esto nos hará más fuerte. Porque el que perdona se hace más grande pero el que guarda rencor se apega a las bajezas. No es fácil perdonar, sobre todo cuando la persona ha actuado con alevosía contra ti, pero si quieres cuidar tu corazón, perdona, deja ir, no te vengues, deja que el tiempo se encargue de poner cada cosa en su lugar.

Que las palabras que salgan de tu boca sean de amor y no de odio, de perdón y no de rencor, de paz y no de guerra. Permítete ser un difusor de la luz de Dios. Nunca serás perfecto o perfecta, pero al menos estarás conociendo a Dios poco a poco sin tener que hacer mucho alarde.

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