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Dos razones por las que no es bueno ser feliz todo el tiempo

La definición de felicidad puede ser en ocasiones algo ambigua, o puede significar dos cosas diferentes. Es decir, por un lado la felicidad se puede definir como una emoción que una persona siente luego de haber alcanzado alguna meta o propósito de vida. Pero por otro lado, la felicidad también es un estado de ánimo que nos permite disfrutar de algo bueno. Se trata de una energía grata que todos adoramos sentir y que muchas veces queremos que perdure por siempre. Y es que, a decir verdad, ¿Quién no desearía ser feliz el 100% de su vida? Todos siempre dirán que sí, pero ¿sabías que no es bueno siempre serlo? Acá te diremos por qué.

Razones por las que no es bueno estar siempre feliz

A continuación te damos dos buenas razones que te harán pensar cómo la felicidad no es algo que debas sentir o tener en todo momento.

La felicidad y su significado no son lo mismo

Primeramente es importante establecer las experiencias, acciones y relaciones que nos hacen ser felices o sentirnos felices. Si prestamos atención nos daremos cuenta que todo esto se divide en dos categorías que son: las experiencias hedónicas y las experiencias eudaimónicas. Por un lado, las experiencias hedónicas son las que tienen que ver con el placer, como por ejemplo el ver un hermoso amanecer, comer una deliciosa rebanada de pastel o tener buen sexo. Pero por otra parte, las experiencias eudaimónicas, son todas aquellas que tienen que ver con el significado y el propósito personal, es decir con el hecho de vivir de acuerdo con nuestros valores, completar un proyecto de vida importante o marcar la diferencia en el mundo de alguna manera.

Ahora bien, esta distinción es importante porque muchas veces las cosas que suelen ser más importantes para nosotros no necesariamente son las más placenteras. Por ejemplo el perdonar a un ser que amamos que nos fue infiel o cuando tenemos que trabajar muy duro y sacrificar horas de familia por cumplir con ciertas obligaciones que nos permitirán escalar a nivel profesional, incluso hasta cuando reconocemos un error.

Estas experiencias aunque no son placenteras en muchos momentos, nos hacen sentir mejores con nosotros mismos, y eso en cierta forma nos da un tipo de felicidad que no reconocemos al instante pero que debería estar implícito aunque no se sienta como nos gustaría.

Las emociones negativas pueden mejorar nuestra vida

Sin duda todos preferimos sentirnos bien y felices a diario. Pero, ¿sabías que son los malos momentos los que nos permiten crecer y avanzar? A menos que seamos como Peter Pan y vivamos en el país de nunca jamás y contemos con polvo de hadas, no podemos ser felices a diario. De hecho el mismo Peter Pan tuvo sus momentos en los que tuvo que prepararse para la batalla con el terrible capitán Garfio. Esto revela que aún en un mundo de fantasía donde se es niño eternamente, no siempre las cosas son felicidad y alegría.

La realidad es que las emociones negativas nos ayudan mejorar. Por ejemplo, el sentir miedo puede protegernos de ciertas amenazas, las preocupaciones en ocasiones nos ayudan a formular un plan B o C para atacar algún problema, y los sentimientos de culpa nos pueden llevar a hacer lo correcto y pedir perdón.

Claro que otras emociones como el odio y la ira no ayudan en nada, pero sin duda, los tropiezos y errores, nos  dan la oportunidad de madurar y crecer para convertirnos en personas más sabias, una sabiduría que nos llevará a cumplir nuestras metas.

Entonces, aunque no hay nada malo en querer ser siempre feliz, es importante que valores esos momentos donde la vida intenta probarte.

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