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La verdadera humildad es silenciar nuestras virtudes y permitir que otros las descubran

Existen las personas que son verdaderamente humildes y aquellas que dicen serlo. Y es que una persona fiel a la humildad no dice que es humilde sino deja que otros que lo digan.

Pero no por las razones que puedes estar pensado. De hecho, las personas humildes ni siquiera se ven a sí mismas como humildes, sino que viven sus vidas en paz evitando cosas como la envidia, la soberbia, la mentira, los engaños, los rencores y demás sentimientos o estados negativos.

Nunca se alaban, jamás se creen ser mejores que otros, ni lo consideran, pues no se comparan con nadie, pero el actuar así les da cierta ganancia pues quienes les rodean terminan siendo quienes encuentran en ellos esa humildad característica. Ciertamente, esa es la verdadera humildad y esa la que debemos perseguir en la vida.

No hables de tus virtudes, permite que otros hablen por ti

A menudo oímos a personas hablar de lo humildes que son y usan ejemplos comparativos que dejan mucho que desear. Por ejemplo, la típica chica que estando con sus amigos se refiere a otra diciendo cosas como: “es increíble cómo aquella hace lo que hace, yo no podría hacerlo, eso es no tener humildad, yo doy gracias a Dios de que yo sí soy humilde”. Si te fijas comenzó criticando a otra persona y lo hizo en públicos. Luego se comparó con ella posicionándose como una persona superior y afirmó lo que ella sí era pero la otra no. ¿Puede haber humildad aquí? Es seguro decir que no.

Y es que no falta la persona que en medio de cualquier conversación saque a florecer sus virtudes. Es decir, puede que nadie le esté preguntando algo sobre ella o sobre él pero inmediatamente lo dice. Se trata de personas que quizás no sabes lo falsas que pueden ser pues no escatiman tiempo para alardear de sus virtudes y talentos, de lo que tienen y de lo que son.

Con relación al ejemplo anterior, una persona verdaderamente humilde quizás ni cuenta se habría dado de lo que esa otra persona hizo, y si se dio cuenta puede que termine justificándola o ignorándola; y si tuviera algo que decir, lo haría directamente con la persona del problema. Aunque por lo general las personas humildes prefieren evitar el conflicto por lo que puede que solo ignoren el asunto.

Ciertamente, tener este nivel de humildad no es para nada sencillo pues se requiere que echemos fuera de nosotros todo sentimiento de juicio para que podamos mirar a los demás como debemos mirarles, como personas tan imperfectas como nosotros que también se equivocan. Esa es la clave, pues no podemos sentirnos nunca superior a nadie. Cuando aprendemos a ser así, dejamos de alardear de nuestros talentos, hacemos lo que hacemos y dejamos que sean los demás que hablen de nosotros si es que hay algo de qué hablar.

No hay nada mejor que escuchar a los demás expresarse bien de nosotros. Pues como nos ven los demás es ciertamente como en realidad somos. Nuestras acciones nos definen.

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