Reflexiones

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¡Las personas felices invierten en sí mismas, no pierden el tiempo con la vida de los demás!

Las personas felices son precisamente felices porque invierten tiempo en sí mismas, no en la vida de los demás. Si ves a alguien entrometiéndose demasiado en la vida de otros, es una mala señal.

Las personas realmente felices no tienen tiempo para chismes, contiendas ni malos entendidos. Están muy ocupadas trabajando en su propia vida, persiguiendo sus sueños, viviendo sus logros y estableciendo nuevas metas. Así que para nada tienen tiempo para estar pendiente de lo que pasa o deja de pasar en la vida de otras personas.

De hecho, las personas felices tienen el hábito de cuidar de los demás. Apoyan a los que están llenos de inseguridades y que se sienten incapaces de perseguir sus propios sueños, tratan de reducir su sensación de insuficiencia y siempre les refuerzan con palabras de ánimo.

En cambio, los infelices practican el mal hábito de la crítica. Intentan a toda costa reducir la seguridad de los demás y hacen comentarios que menosprecian las capacidades de otros. Con este comportamiento, estas personas reflejan que no están satisfechas con sus propias vidas y proyectan esa desaprobación sobre los demás. Detener la propia vida para analizar la de los demás es una mala señal. Si acaso lo has hecho últimamente, reflexiona un poco y tal vez descubras que te sientes insatisfecho con tu propia vida.

Si no te cuidas para dedicarte completamente a la rutina de los que te rodean es una falta de amor y respeto por ti mismo, es renunciar a tu propia felicidad solo para poder hablar mal de alguien de primera mano.

Las personas felices están muy lejos de este tipo de comportamiento, porque fundamentalmente están enfocadas en cuidar de sí mismas. Las personas felices se aman y se respetan, y saben que ambas cosas se expresan en el cuidado diario, por eso no tienen tiempo para perder en los demás.

Las personas más felices persiguen la sabiduría, la paz y quieren el bien para todos los que le rodean. En sus corazones no hay espacio para la envidia o el rencor, pues saben que estos malos sentimientos contaminan y enferman el alma. Ninguno que se ame a sí mismo se inyectaría veneno en la sangre, por tanto, las personas felices mantienen su corazón desintoxicado de todos los malos deseos hacia otros.

Quienes conocen la felicidad esparcen prosperidad por donde quiera que van. No tienen malas intenciones ni un as bajo la manga. Son transparentes, confiables y portadores de buenas noticias.

Revisémonos por dentro y veamos si realmente estamos teniendo la actitud correcta hacia la vida. Nuestra felicidad o infelicidad no depende de otros, sino de nosotros mismos, de cómo comprendemos la vida y actuamos en consecuencia.

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