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Familia

Aprecia a tu madre, ¡ella no estará para siempre!

Tu madre es un regalo que Dios te ha dado, pero es prestada. Trátala con amor y respeto pues llegará el día en que ya no esté.

Las mamás son nuestros ángeles de la guarda, son una dulce compañía que Dios nos dio para cuidar cada uno de nuestros pasos. Incluso cuando los hijos crecen y son adultos, las madres no dejan de preocuparse por cada mínima cosa. Su rol es ser protectoras, ayudarnos a crecer en todos los ámbitos de la vida e impulsarnos a ser las mejores personas que podamos ser.

Qué maravilloso es contar con el cariño de una madre. Muchos tienen la fortuna de llegar a los 50 e incluso a los 60 con su madre viva, lúcida y con mucha energía para seguir viviendo. Otros ya la han perdido cuando apenas eran unos niños. Pero tener una buena madre que cumpla su rol protector a cualquier edad es una bendición.

Mientras más tiempo viva tu madre, mayor oportunidad tendrás de honrarla y mostrarle respeto.  No desaproveches esa oportunidad, con tu presencia, con tu obediencia, con tu bolsillo y con tu tiempo, honra a tu mamá.

Muchas veces no priorizamos nuestra relación con nuestra madre por prestar más atención a una pareja o a amigos. Pero la realidad para la mayoría es que cuando todos se van, el respaldo de mamá permanece. Entonces, nuestra relación con esta persona incondicional debería estar entre nuestras prioridades.

Claro que muchas personas no cuentan con una relación soñada con su madre. Existen relaciones realmente tóxicas, en las que la distancia es el mejor remedio. Pero pase lo que pase, nunca dejes de mostrarle respeto a tu madre, aun cuando la relación sea insostenible y deban distanciarte. Muestra respeto a esa autoridad que Dios puso sobre ti y ya el creador se encargará de poner todas las cosas en orden.

Pero si eres de los que tienen la fortuna de contar con una madre amorosa, respetuosa y dedicada, no pierdas el tiempo. Esfuérzate por darle la mejor vida que le puedas dar, que sepa por tus acciones que cuenta contigo, que le consideras también una amiga y que todo el amor que ha invertido en ti no ha sido en vano, pues tú también le amas.

Nunca podremos pagar todos los sacrificios que hacen las madres por nosotros, pero lo que sí podemos hacer es honrarlas hasta el último de sus días. No abandones a tu madre si ella no te abandonó a ti. Dedícale tiempo, amor y lealtad, como ella te enseñó.

Así, cuando ella parta de este mundo la sensación de vacío en tu corazón no será tan grande, pues al menos te quedará en tu memoria y en tu corazón la convicción de que ella sabía lo mucho que la amabas porque se lo demostraste. No tendrás nada de qué arrepentirte ni sentirás que te quedaron cuentas pendientes con ella. Recuerda, honrar a padre y madre es un mandamiento divino.

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