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Una conversación sincera con Dios calma nuestros corazones y pone fin a nuestros temores

Dios consuela a los corazones afligidos y le da descanso a los que se sienten ansiosos. La ansiedad es una respuesta ante la resistencia al temor, si estás experimentando mucha ansiedad en los últimos días significa que tu corazón está lleno de temor, pero Dios con su infinito amor, tiene el poder para liberarte.

¡Confía! Dios es tu paz

Dios trae paz a tu corazón y te renueva las fuerzas, nada de lo que estás pasando es en vano, todo tiene un propósito y aunque no veas posibilidad de mejoría, Dios está obrando. Dios está moviendo las cosas a tu favor y pronto verás la respuesta, no sientas temor ni angustia, porque aunque todos te dejen, Él nunca te abandonará, Él no echa fuera a los que en él confían.

“¿Por qué voy a desanimarme? ¿Por qué voy a estar preocupado? Mi esperanza he puesto en Dios,  a quien todavía seguiré alabando. ¡Él es mi Dios y Salvador!” Salmo 42:11.

Si tu alma está angustiada, háblale, dile que confíe en Dios, el Todopoderoso. No te dejes arrastrar por el desánimo ni por el temor y abraza su favor y su cuidado. Hay asuntos que por más que te esfuerces no podrás solucionar por tu cuenta, confía en aquel que puede llegar a donde tus brazos no alcanzan, aquel cuyo poder es mayor al del hombre más poderoso sobre la tierra.

No te abatas, en lugar de dar paso a los pensamientos de angustia sostén una conversación sincera con el creador, abre tu corazón y cuéntale todo lo que sientes. Él dice en su palabra “El que viene a mí yo no le echo fuera”, así que puedes estar seguro de que cada una de tus oraciones serán contestadas.

Dios respalda las oraciones de quienes deciden poner su confianza en él y no en los problemas, en la derrota o en manos de otros hombres. Cuando tengas un problema que te quite el sueño, acude a él desde temprano, y verás cómo te da el alivio que necesitas, y luego de eso, una respuesta visible.

Dios no miente ni se desentiende de su creación, él atiende diligentemente tu causa y puede ayudarte. No te sientas mal si en este momento de adversidad sientes que no tienes la fe suficiente para creer alguna de sus promesas, solo sé sincero, porque delante de sus ojos estamos desnudos y no podemos mentir.

Aprendemos a confiar en Dios en la medida que reconocemos nuestra debilidad y su grandeza. El primer paso siempre será reconocer que nos falta fe. Si sientes que es tu caso, tan solo abre tu corazón, porque la fe viene del mismo Dios, pídele que llene tu corazón con esa fe que necesitas, y que con ella traiga paz y alivio. Abraza el consuelo de Dios y no tengas más temor y antes de pedir cualquier cosa pídele que te dé la fe para creer.

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