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No evites la tristeza o el dolor: las emociones negativas también son parte de tu bienestar psíquico

Nos han enseñado a tratar el dolor como a una plaga, como a un huésped no deseado. Y no solo al dolor, sino a todo tipo de emociones negativas, como si fueran ajenas a nosotros. Internet está lleno de post en extremo positivo que sutil o tajantemente nos enseñan a reprobar la negatividad (todo el cúmulo de pensamientos y sentimientos negativos). Pero si tenemos sentimientos negativos por algo debe ser.

La tristeza, la melancolía, la ira, la rabia, el dolor, no se padecen, se sienten. Con esto queremos decir que no son plagas ni enfermedades, son maneras de sentir, de vivir, de experimentar situaciones. Estaríamos enfermos realmente si ante una situación en extremo dolorosa tuviéramos un sentimiento como la alegría o el placer. Es lo que pasa precisamente en la mente de un psicópata, donde la empatía o la capacidad de sentir pena han sido corrompidas y en las situaciones que deben enfrentarse con estos sentimientos solo existe el placer.

La vida tiene una escala cromática infinita, no todos los días son buenos ni todos son malos, y cada día debe enfrentarse con una reacción completamente diferente. En otras palabras, ayer puede que hayas estado más alegre que nunca pero hoy te sientes melancólico ¿acaso está mal? Evidentemente los alimentos, los químicos, la falta de ejercicio y otros factores pueden afectar nuestro estado de ánimo. Pero fuera de esas circunstancias tenemos la sensibilidad para reaccionar con una emoción a cada tipo de situación.

No evadas tus emociones negativas, necesitas experimentarlas. Las emociones te ayudan fundamentalmente a evaluar tus experiencias. Si te sientes muy bajo de ánimo hoy y están descartados factores neuronales como la mala alimentación o la falta de ejercicio, claro que existe una razón para que estés triste. Evalúala porque no todo tiene por qué complacerte y hacerte sentir pleno. Puedes sentirte frustrado, amargado y estresado. Por favor, no caigamos en un falso positivismo en el que ahogamos a nuestras emociones negativas y fingimos que todo está bien.  

Al contrario, las emociones negativas son una alarma de que tenemos cosas qué resolver para ser un poco más felices. Los días malos nos dan perspectiva para vivir al máximo los días buenos. Nadie sabe qué tan afortunado es hasta que experimenta en carne propia o por empatía la desgracia. Y como este mundo no es precisamente un lugar positivo lleno de cosas buenas, son las emociones negativas las que nos enseñan, nos ayudan a ver las cosas con claridad y destacan todo aquello que nos amenaza o nos hace daño.

En ese orden, las emociones negativas son tan válidas y valiosas como las emociones positivas. Las positivas nos ayudan a disfrutar al máximo de lo bueno y lo bello de la vida, pero las negativas se encargan de mostrarnos que no todo está bien, que hay cosas que nos afectan. Nuestro trabajo en este caso no es sumergirnos en estas emociones en sí, pero sí que hay que vivirlas y descubrir el problema para luego, con más ánimo afrontarlo. Pues solo desde la perspectiva de las emociones negativas podemos asegurar que tendremos emociones positivas más duraderas con problemas resueltos.

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