Reflexiones

Los mejores consejos para la vida

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Nada es realmente tuyo, todo es prestado por la vida. ¡Practica el desprendimiento!

¿Sabías que lo que produce la infelicidad es el apego? Esto es algo que un budista te enseñará, pero sin necesidad de que tengas que cambiar de religión aquí mismo puedo decírtelo. Esto es algo que aprendí hace mucho tiempo, aunque aprender algo y entenderlo no es lo mismo. Y es que por más que sabemos algo, aplicarlo en nuestra vida no siempre resulta igual de fácil. Por ejemplo, es fácil aprenderse la ley de la relatividad de Einstein, pero qué difícil puede ser aplicarla en la vida y comprender completamente su significado. Así mismo pasa con las cosas y las personas que nos rodean, sabemos lo que son pero no comprendemos por qué y para qué están allí para nosotros.

Hace muchos años escuche al Dalai Lama decir, como el apego era la causa del sufrimiento, y como este sufrimiento era la razón de nuestra incapacidad para ser felices. Al principio no comprendía lo que esta frase significaba, pero luego, sentí como si una luz intensa se hubiese encendido en mi vida iluminado distintas partes de mi conocimiento que estaban en tinieblas.

¿Por qué digo esto? Porque segundos más tarde pude estar totalmente de acuerdo con él. Este hombre había dado en el clavo, pues en realidad, el apego es la razón por la que todos nos sentimos mal o incompletos todos los días. Ahora bien, este apego trae consigo muchas cosas pues existen muchos tipos de apegos que uno por lo general no nota pero que están allí.

Por ejemplo, podemos comenzar hablando del apego por el dinero, ¿Cuántas veces nos hemos sentido infelices porque no tenemos el dinero suficiente para costear las cosas que queremos o sentimos que necesitamos? Muchas veces sin duda, el amor al dinero y la necesidad de tenerlo nos llevan a apegarnos a él y sentirnos miserables cuando este escasea o cuando lo tenemos y debemos gastarlo.

Por otra parte está el apego a lo material. Un apego muy conocido que es ese que no lleva a atesorar algo y muchas veces ni siquiera compartirlo con los demás y hasta con nosotros mismos solo por no desgastarlo. En ocasiones, llegamos a tomar un objeto como un tótem y preocuparnos por él como si fuera un objeto vivo.

Seguidamente están los apegos emocionales y sentimentales, es decir, todas esas cosas en donde ponemos nuestra alma y el corazón. Aquí se incluyen los apegos a las parejas, a un miembro en particular de la familia o a un amigo. Estos apegos nos perturban en todo momento y nos hacen sentir miserables cuando no recibimos el afecto que sentimos merecer o la respuesta que esperamos de los demás.

Finalmente, está el apego por la vida, por la tierra, por el techo y las cosas de este mundo que perecen. La vida sin duda es hermosa pero no es nuestro lugar eterno. Como seres espirituales debemos comprender que este mundo solo es un momento, y por esta razón cada día nos ofrecen la oportunidad para respirar, para vivir, para contemplarlo y para disfrutar de todo lo que aquí hay, como las personas, las cosas materiales, el dinero, y demás cosas. Pero nada de esto debe ser razón de apego.

Sin duda, hay cosas que pueden causarnos cierta adicción. Pero si compremos que absolutamente todo aquí es prestado y que un día partiremos de aquí sin nada, ese día valoraremos y aprovecharemos más nuestro tiempo aquí y sin duda sufriremos mucho menos. Mira la vida con ojos humildes y sencillos, no te preocupes por lo que has de vestir y comer mañana, ama libremente y la paz siempre estará de tu lado.

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