Reflexiones

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Hacer el mal es una elección y, en el momento adecuado, la vida pasa factura

Para todos aquellos que toman el camino del mal, puede que la ley de los hombres no los juzgue correctamente, pero hay castigos más altos que les perseguirán hasta el final de sus días.

Al que hace el bien muchas veces le agobia el saber que los malos prosperan, quedan impunes y manejan el mundo a su gusto con engaños, mentiras y malicia. Pisotean a los más justos, echan sus culpas sobre los inocentes y se regodean en hacer lo incorrecto. Es realmente desalentador el saber que, mientras nos esforzamos por hacer el bien, otros son prosperados en su mal camino.

Si piensas de esta manera, no te desalientes, porque hacer el mal es una decisión tan compleja como la de hacer el bien. Y esas riquezas y esa dicha que tu vez en manos de estas personas son pasajeras. A veces los juicios que vienen de lo alto caminan lento, pero son infalibles.

Las personas que no piensan dos veces para sacar provecho de otro tienen el alma seca y corrompida. No importan cuánto se defiendan con sus palabras y justificaciones, sus acciones les definen, si no aman al prójimo por supuesto que no se aman a sí mismos.

En cambio los que deciden seguir el buen camino toman decisiones correctas aun en los tiempos más difíciles. Son capaces de sacrificarse por aquello que creen que es lo correcto. En el futuro próximo puede que reciban problemas y aflicción, pero ellos están sembrando el bien y más adelante cosecharán la abundancia, la paz, la paciencia y las más jugosas bendiciones.

Así que deja de mirar al malo que prospera en su mal camino, y comienza a mirar al bueno que es ejemplo de dignidad y benevolencia. Porque no hacemos el bien para recibir algo a cambio, sino no es un bien genuino. Más bien hacemos el bien para que nuestro corazón florezca, para dar un poco de lo que hemos recibido dentro de él.

Este mundo está lleno de gente maliciosa, envidiosa, que le gusta armar pleitos y que está dispuesta a traicionar para su propio beneficio. Pero no pongamos la mirada en estos malos ejemplos, sino en quienes son ejemplo de cordura, humildad, sencillez, amabilidad y respeto.

El que hace el mal se condena a sí mismo, porque toma una decisión que es muerte. La muerte persigue a los que tienen determinación por la maldad, y no hablamos de la muerte del cuerpo, sino la del alma que es absoluta y determinante.

Por tanto, nada que envidiarle tenemos a los que hacen el mal. Más bien son un espejo que revela lo que no se debe hacer, el camino que nunca deberíamos transitar. Tú por tu lado confía y rectifica tus pasos, tendrás cosas más excelentes en el futuro.

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