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Los mejores consejos para la vida

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La vida es demasiado corta para desperdiciarla en personas que te quitan la felicidad

¿Sabías que, según estimaciones científicas, nuestro planeta tiene 4.543 miles de millones años? viéndolo de esa manera, y suponiendo que nuestra vida nos alcanzará para vivir unos 80 años, definitivamente somos un suspiro, un segundo, en la historia de la vida en este lugar maravilloso que llamamos Tierra.

Tenemos poco tiempo para experimentar la vida y hacernos lo suficientemente sabios para cuando la muerte nos sorprenda. Sin embargo, somos todavía muy necios, viviendo en rencillas, guardando rencores y discutiendo con personas que solo nos quitan el bien más preciado que cualquier ser humano podría tener, el tiempo.

No importa cuánto dinero tengas en este momento en tu cuenta bancaria ni cuánto efectivo lleves en la billetera, el tiempo no se puede restituir, ni comprar, ni vender. Sin embargo, sí se puede desperdiciar y es lo que hacemos cada vez que nos embarcamos en proyectos infructuosos por ambición o por falta de entendimiento, y cada vez que dejamos que personas tóxicas se roben nuestra paz.

Carpe Diem: Aprovecha el día

Si entendemos que solo estaremos aquí por un período muy corto, aprovecharíamos cada día al máximo. Una frase latina que se le atribuye al poeta romano Horacio reza: Carpe Diem, cuya traducción más aceptada es “Aprovecha el día”, aunque en la Edad Media se la entendía como “Vive el momento porque vas a vivir pronto”. Efectivamente, lo que la voz latina Carpe Diem nos dice es que el tiempo es para el hombre más valioso que el oro y la plata, y que debe ser aprovechado, no malgastado.

Si actualmente te encuentras en una relación (sea con una pareja, un amigo o un familiar) que no aprovecha en nada, que te resta en lugar de sumarte, considera que estás desperdiciando una parte irremplazable de tu vida por intentar sobrellevar o incluso reparar lo que probablemente no tenga reparo. Toma el coraje de aislar a las personas que te causan preocupación, infelicidad y angustia, porque no importa cuánto le ames, no te estás amando a ti mismo al desaprovechar una parte valiosa de tu vida.

A la muerte debemos aceptarla, pero qué triste es llegar al lecho de muerte insatisfecho, cargado de frustraciones y con las alas rotas. Hay que despedirse de la vida habiéndola vivido justa y dignamente, llorando solo cuando era estrictamente necesario y celebrando siempre por cualquier excusa.

Renueva tus lazos y reencuéntrate con las personas que te suman y te impulsan a ser mejor cada día. Deja que te acompañen hasta el final los que te serán motivo de alegría y no de tormento. Nadie debe cargar las cruces de otras personas, porque al final, llegamos solos y desnudos a este mundo y de la misma forma partiremos. Así que recuerda: Carpe Diem.

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