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Cuando ores, no hagas vanas repeticiones. Medita en cada palabra que dices

¿Eres de los que se quejan con las personas que repiten lo que otras dicen sin saber o tener idea de si hay verdad o no en sus palabras? No cabe duda que este es un muy mal hábito de muchos. Tan solo piénsalo, alguien levanta una conjetura y la riega a un grupo de personas, las cuales, sin tener idea de nada porque no vieron, van por ahí repitiéndoselo a todos. Algo así pasa con las oraciones. Estás pueden ser palabras vanas y sin sentido sino entiendes su significado, y no entenderás su significado si no meditas en ellas.

El ejemplo en el Padre Nuestro

¿Cuántas personas crees que recitan el Padre Nuestro a diario? Millones quizás, y ¿Cuántas entienden lo que dicen cuando lo recitan? Difícil repuesta. Y es que cuando Jesús nos entregó este modelo de oración, más que para rezar lo hizo para que en solo unas pocas palabras englobáramos todo lo que necesitábamos para dirigirnos a Dios. Sin embargo, las palabras tienen poder y muchas cosas que decimos nos podrían estar jugando en contra.

Por ejemplo, si todo el tiempo te quejas del porqué las cosas no siempre salen cómo quieres, piensa un poco y razona, ¿Acaso cuando rezas el Padre Nuestro no dices “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”? De ser así, ¿No estás constantemente pidiéndole a Dios que todo lo que pase contigo sea como Dios quiera y no como tú quieras?

Y cuándo dices “Perdona nuestras ofensas cómo nosotros perdonamos a los que nos ofenden” ¿Acaso no estás invitando a Dios a que únicamente te perdone en la misma medida cómo tú perdonas a quienes te rodean? Esto es interesante si eres de los que tienen algún resentimiento por otra persona y hasta ahora no la has podido perdonar.

Y así como estas, existen muchas otras oraciones que repetimos en los rezos pero que no le damos significado. Ejemplo, el “Acto de Contrición” ¿La recuerdas? ¿Acaso esa oración no lleva cerca de su final la frase “Propongo firmemente no volver a pecar”? Entonces, explica cómo puedes hablar de estar arrepentido de tus pecados y luego proponer no volver hacerlo pero más tarde estás viviendo tu vida en pecado, ¿O ya dejaste de pecar?

Jesús dijo una vez, no prometas ni jures porque la realidad es que no puedes hacer más blanco o negro ni un solo cabello. En su lugar, usa tu boca para que tu “Sí” sea un Sí y tu “No” un No. Es decir, dale valor a tus palabras. En tu boca está el poder de la vida y de la muerte, con tus palabras te bendices y te condenas, tu boca es un arma de doble filo que puede acabar con tus enemigos pero no sin antes cortarte profundamente.

A la hora de ir a rezar, no solo repitas tus oraciones favoritas, tómate el tiempo para meditar en ellas. Decláralas o recítalas lentamente para que tu corazón y tu mente escuchen y digieran lo que estás diciendo, y luego tómate otros minutos para hablar con Dios sobre tu vida, hazlo como si hablaras contigo mismo o con tu persona favorita. Medita en todo lo que piensas y dices en ese tiempo. La hora de la oración debe ser no solo para recitar sino para conversar y fortalecer tu relación con Dios y para meditar e internalizar contigo mismo

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