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Consejos

¡Trata a todos con respeto, siembra el bien y siempre sé agradecido!

Si quieres poner en práctica tres principios para tener relaciones más saludables, trata a todos con respeto, siembra el bien y siempre sé agradecido. Porque no se trata de lo que los demás hagan o dejen de hacer por ti, sino de lo que tú estás dispuesto a dar. Conforme damos, así recibimos.

Trata a todos con respeto

El mayor gesto de superioridad es ser amable. Mantén la amabilidad como tu forma de tratar a los demás, aun en los peores momentos. No seas motivo de molestia por tu arrogancia o falta de respeto. Guarda silencio cuando no tienes nada que decir y procura que tus palabras sean fieles a ti mismo, pero siempre con respeto.

Todas las personas por igual merecen respeto. Muchas veces respetamos a quienes ocupan algún puesto de eminencia por encima de nosotros, pero no somos capaces de mostrar respeto ante una persona de la calle o incluso alguien de nuestra propia casa. El respeto que merece tu jefe, es el mismo que merece tu hermano, tu pareja y una persona sin hogar. Si insultas a uno, los insultas a todos, pues solo revelas que tu respeto no es real, porque el respeto cuando se practica es integral, se les da a todos por igual.

Siembra el bien

No siembres contienda, no te conviertas en el catalizador de una discusión entre dos o más personas, puede que lo disfrutes, pero solo estás acumulando juicio sobre tu cabeza. Antes de sacar a pasear tu lengua y ocasionar un enorme incendio, medita en lo que tienes para decir, y si te hace daño a ti o a otros, calla. Porque hasta la persona más tonta es contada como sabia cuando guarda silencio, dice un proverbio bíblico.

En lugar de invertir tus energías en meditar cómo hacer daño a otros, procura invertir todos tus esfuerzos en hacer el bien. Porque el bien persigue a todos aquellos que lo fomentan. Si quieres vivir días dichosos en esta tierra, entonces esparce bien donde quiera que vayas, sé el catalizador de la reconciliación y el perdón, muestra tu mejor cara y nunca manches tus manos en el intento de dañar a otros.

Siempre sé agradecido

Si alguien hace algo por ti, agradécelo. Pero no solo de palabras, paga siempre el bien por bien, con acciones, con buenas obras y con respeto. No traiciones a quien te tiende la mano, al contrario, prepárate para tenderle la mano tú cuando más lo necesite. Porque gratitud no es decir “gracias”, es tener una actitud de reciprocidad para responder cuando sea necesario.

Si haces estas cosas, ten por seguro que la injusticia no tocará tu puerta, pues muchas veces, eso que llamamos “injusticia” es en realidad justicia pura y dura, la cosecha de muchas cosas que sembramos sin darnos cuenta. Todo lo que damos al mundo es como un boomerang, tarde o temprano regresa a nosotros, nos toca a la puerta y nos da lo que merecemos. Así que ten cuidado con lo que sale de ti hacia otras personas.

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