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Tu amabilidad puede generar un buen ambiente en el hogar, en el trabajo y en tu propio ser

La amabilidad se entiende como la actitud que tenemos hacia las personas en términos de respeto, solidaridad, afecto, colaboración, etc. Se trata de un valor o capacidad intrínseca que todos tenemos, aunque algunos la desarrollamos más que otros. Mientras más amables somos, mayores serán nuestras capacidades para ser benevolentes y corteses, así como mayores serán nuestras capacidades para amar a nuestro prójimo sin distinciones de razas o creencias. Para que este mundo sea lo que todos soñamos,  necesitamos que la humanidad se haga adicta a la amabilidad.

El mundo a diario nos muestra escenarios sombríos, complicados y por supuesto muy estresantes. No importa a donde vayamos, cada vez son más las personas que se quejan, que discuten y que complican las cosas. Sin embargo, esto no nos detiene para continuar, pues es nuestro instinto de supervivencia caminar siempre hacia adelante a pesar de las adversidades. El problema es que esto nos puede agotar rápidamente, sobre todo a nivel energético.

Todos los días, nuestras energías se vuelven turbias y nos llenamos de presiones por consecuencia de las malas actitudes de los demás y de los tantos problemas que enfrentamos a diario. Sin embargo, si tan solo fuéramos amables en todo momento, nuestros días serían muy diferentes.

La amabilidad, tiene la capacidad de modificar todos los ambientes que nos rodean. Por ejemplo, imagina por un momento cómo sería el ambiente de tu casa si esta estuviera cargada de amabilidad en cada uno de los miembros. Por una parte, verías a tus hijos tratarse con respeto, con solidaridad y con educación unos con otros, y esa misma conducta la verías cuando vengan a tratar contigo. Y si esa amabilidad la tienes con tu pareja y recíprocamente con tus hijos, no cabe duda que tu hogar sería mucho más armonioso.

En un hogar lleno de amabilidad, la comunicación no deja de ocurrir, la confianza es el motor que los mueve, la sinceridad y el respeto son sus mejores aliados, y el amor, por tanto, está impreso en cada punto de ese hogar.

Ahora miremos el ambiente laboral. Nuestros trabajo puede ser muy duro y estresante, y en ocasiones los compañeros de trabajo pueden no ser los más cordiales, aquí podríamos incluir hasta a los jefes. Pero, si se aplicaran patrones de conducta en donde la amabilidad fuera el plato fuerte del día, las cosas serían diferentes.

Por una parte, los empleados trabajarían mucho más a gusto, verían su lugar de trabajo como su segundo hogar, serían más respetuosos unos con otros y se apoyarían para alcanzar las metas de forma más rápida y eficiente.

Finalmente, la amabilidad puede darnos muchas ventajas en el resto de nuestras vidas, nos ayudaría a sonreír más y hacer sonreír más a otros. La amabilidad no debe dejar nunca de crecer en nosotros, pues entre sus beneficios está el de hacernos mucho más felices.

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