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Por qué la química fuerte no siempre conduce a una relación sólida

“La reunión de dos personalidades es como el contacto de dos sustancias químicas: si hay alguna reacción, ambas se transforman”. Carl Jung.

En los procesos de enamoramiento, lo que llaman la química es fundamental. La química, según la antropóloga Helen Fischer, es una mezcla de hormonas (testosterona y estrógeno) y neurotransmisores (dopamina y serotonina). El problema con la química que explica Fischer es que muchas veces sin darnos cuenta buscamos suplir carencias y necesidades que traemos desde la infancia con figuras paternales o maternales que curen nuestras heridas. En otras palabras, buscamos una pareja que repare lo que está roto en nosotros.

Cuando encontramos a alguien cuyo perfil se corresponde de alguna manera con nuestros traumas no resueltos, de inmediato se activan muchas hormonas y neurotransmisores. Como consecuencia creemos que tenemos química con esa persona (y en efecto nos dan un subidón increíble). Pero si la estimulación química en nosotros no surge por las razones correctas, lo que sucederá es que la relación no será sostenible en el tiempo.

Muchas personas se fuerzan a estar con otras por la pura química, pero realmente la relación no funciona ni va hacia ninguna parte. Estas personas aguantan maltratos, opiniones divididas, malas actitudes y más aferrándose a la química, en estos casos producida por una asociación inconsciente hecha con carencias de la infancia.

Es por eso que la química no lo es todo. En una relación puede haber química subyacente, pero eso no significa que sea sana.

Siempre te sentirás sexual y emocionalmente atraída por ciertas personalidades, pero desafortunadamente eso no significa que sea sano. Por eso debes evaluar tus opciones sabiamente para no caer en relaciones dependientes o disfuncionales.

Por ejemplo, las mujeres que tuvieron un padre alcohólico, son más propensas a aferrarse a las relaciones aunque no funcionen, dándoles una y otra oportunidad a estos hombres malos, según estudios. Si es tu caso, seguramente sentirás mucha química con la persona y pensarás que es el indicado, pero no es así, simplemente estás intentando resolver en tu edad adulta un trauma de la infancia sin darte cuenta.

Entonces, no justifiques una relación tóxica basada en “la química”. El hecho de que tu sistema neurológico se vea estimulado no implica que sea amor saludable. Los hechos hablan por sí solos, y son más infalibles que los sentimientos.

Recuerda que primero hay que amarse a uno mismo. Si todavía estás arrastrando problemas de la infancia relacionados con tu madre o tu padre, no esperes que una pareja venga a arreglarlo. Ir a terapia no es malo, necesitamos superar lo que nos marcó y sanar nuestro corazón y nuestra memoria para poder aprender a amar sin sufrir, sin hacer daño y sin auto destruirnos.

Amar es realmente bonito cuando se hace saludablemente. Si quieres una pareja estable y sana, no te bases solo en la química para elegirla. Observa los hechos, no ignores las señales y rechaza de inmediato lo que no te conviene.

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