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A quien actúa con maldad hay que desearle suerte, tarde o temprano la necesitará

¿Alguna vez oíste eso de bendecir a los que te maldicen? Seguramente sí. Esta es una frase que puedes encontrar en las sagradas escrituras, pero más allá de eso, es una frase que puede ayudarnos a crecer y a cosechar grandes éxitos en nuestra vida. La razón de esto, es porque muchas personas detienen sus vidas intentando devolver el daño que han recibido de otras personas, y no se dan cuenta que mientras lo hacen, tiempo valioso de sus vidas se esfuma en un abrir y cerrar de ojos. Además, algo es seguro, quienes obran mal, tarde o temprano querrán redirigir sus vidas por el buen camino y es cuando necesitarán de toda la suerte que les podamos desear.

Bendice y deséale suerte a quien te haga mal

No siempre resulta sencillo perdonar a quienes obran mal contra nosotros. Y por supuesto, más difícil resulta bendecirlos. Y es que ¿Por qué razón tendríamos que bendecir a una persona que nos ha lastimado? No parece nada lógico. Lo ideal (en nuestro concepto de justicia) es que le paguemos con la misma moneda con la que nos ha pagado. Es decir, que lo mejor sería pagar mal por mal.

Pero quisiera compartir esta pequeña historia contigo. Hace años, mi abuelo caminaba como era su costumbre, por los alrededores de la casa. Y un día, un hombre en una motocicleta lo atropelló. La culpa la había tenido este hombre quien iba completamente descuidado mientras conducía.  Mi abuelo resultó gravemente herido y fue internado en un hospital, y gracias a que fue atendido rápidamente su vida se salvó. Fuera de una serie de golpes, moretones y un par de costillas rotas, mi abuelo estaba bien.

El hombre, quien de hecho se había dado a la fuga cuando atropelló a mi abuelo, apareció en el hospital buscándolo. Sin embargo, pese a lo que yo pensaba, que se había acercado para preguntar por su estado de salud y hacerse responsable, el sujeto solo apareció para pedir que no lo denunciaran.

Yo estaba muy enfadada, y quería que pagara por lo que había hecho. Pero mi abuelo aún en la cama del hospital le perdonó. Lo dejó ir sin problema alguno y hasta lo bendijo y le deseó buena suerte.

Sin duda, yo me encontraba consternada, pues no podía entender cómo una persona que se había portado de manera tan irresponsable, cobarde y sínica, salía de allí libre y hasta con la bendición de mi abuelo. Mi madre, intentó explicarme que no hacía falta hacer alguna denuncia porque afortunadamente no había pasado a mayores, sin embargo, yo seguía sin comprender.

Con el tiempo, mi abuelo vino a mí y me ayudó a entender. Me dijo que, la maldad y la cobardía la encuentras en todas partes como a la hierba mala. No puedes hacer nada para evitarla, pero sí puedes hacer mucho para cambiarla o mejorarla. Pagar mal con mal solo nos hará parte del problema, y nos convertirá en versiones similares a las que ahora aborrecemos.

Cuando bendecimos, aceptamos que son personas iguales que nosotros pero con un camino distorsionado, lleno de problemas, afecciones y complicaciones. Esas personas, si no enderezan su caminar, siempre terminarán mal, por lo que no hay nada mejor que nuestra bendición para iluminarles un poco el paso que deben seguir.

Meses más tarde, este hombre que atropelló a mi abuelo, falleció a causa de un accidente de tránsito, nuevamente por estar distraído. Esta vez, él mismo se causó su propia muerte. La bendición de mi abuelo puede que no haya salvado su vida, pero quizás haya salvado su alma.

La próxima vez que alguien te haga mal solo bendícele, pues esa persona necesitará más suerte de la que tú puedas creer.

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