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A veces no lloro por debilidad, sino porque estoy cansado de ser fuerte

Quien llora, muchas veces no es una persona vulnerable, sino alguien fuerte que está agotado. Nuestras sociedades nos han enseñado a apreciar el llanto como un signo de debilidad, pero no podrían estar más alejadas de la verdad.

‘Llorar no resuelve nada’: un terrible mito

Las personas que lloran muestran ante todo salud emocional. El llanto es completamente válido en situaciones de alta tensión, frustración y cansancio. La vida exige mucho de nosotros y a veces solo necesitamos descargarnos. Luego de llorar experimentamos una sensación de alivio que ninguna otra emoción podría proporcionarnos.  Al llorar, nos deshacemos de toda la tensión y adquirimos nuevas fuerzas para seguir adelante.

Por tanto, aunque muchas veces te hayan dicho que ‘llorando no resolverás las cosas’, la verdad es que llorar es una de las acciones más inteligentes y liberadoras cuando sentimos que las situaciones nos superan.

Llevar el peso del mundo no es fácil y la mayor parte del tiempo estamos rodeados de personas que cuentan con nosotros para todo, pero con las que no podemos contar. No todos los días puedes ser fuerte, cuando una lágrima se asome, no la escondas ni por vergüenza ni por capricho, pues es una señal de que necesitas parar un poco porque ya es demasiado.

Existen personas que son en extremo sensibles, otras simplemente enfrentan situaciones tan difíciles capaces de quebrantar su ánimo. Si eres de estos últimos, debes permitirte darte tu espacio y tu tiempo para llorar, pues no todo el tiempo puedes asumir la responsabilidad y salvar el día. En algunos momentos necesitas ser salvado, y si no hay nadie a tu alrededor que lo haga, necesitas hacerlo tú mismo.

Cuando quieras cohibirte de llorar, recuerda:

  • Llorar acelera la curación.
  • Revela los problemas de los que ni siquiera te habías hecho consciente.
  • Llorar genera un alivio poderoso que es el primer paso para un gran cambio. Nos hace asumir nuestras emociones y liberarlas.
  • Te permite enfocarte en ti mismo y poner a flor de piel todo lo que estás procesando.
  • Después del llanto viene la calma, y es en ese estado donde puedes tomar las mejores decisiones.

Siempre llegamos a un momento donde sentimos que los problemas nos superan, le llaman atolladero. Nos enfrentamos a problemas de los que no vemos salida, y si la hay es demasiado dolorosa o estamos demasiado cansados. Muchas personas ante estas situaciones padecen un mal terrible y es el de querer aparentar ser fuertes todo el tiempo. Es revelador saber que las personas más saludables emocionalmente lloran a mares siempre que pueden, pues validan todas sus emociones como una forma de experimentar, nutrir y desintoxicar su salud mental.

La próxima vez que quieras llorar, no te contengas. Puede que no quieras hacerlo en público, pero al menos aparta un tiempo y un espacio para desintoxicarte a través del llanto. Te sentirás mucho mejor luego de eso.

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