Reflexiones

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Dios dice: “Este año te hice fuerte, y el próximo año te haré feliz”.

Si eres de los que reflexionan sobre el año que has vivido, seguramente te darás cuenta que el 2019 fue un año particularmente difícil. Te tocó enfrentar a muchos enemigos, vinieron muchos cambios, tuviste que lidiar con la soledad o con compañías difíciles y aquí estás, un poco cansado, pero sobreviviste.

Pero Dios no abandona a los que le aman, por mucho que te hayas sentido desamparado, la verdad es que Dios permitió que pasaras por toda esta ola de adversidades solo para que te hicieras más fuerte. Dios no obra bajo la crueldad sino bajo su propio amor, y sin darte cuenta, te has convertido en una persona más fuerte, decidida y confiada.

Necesitabas esto, necesitabas aprender y desaprender cosas, por muy duro que haya sido, todo esto te hizo ser una mejor versión de ti mismo. Este año conociste una fortaleza y una versión de ti que ni siquiera imaginabas, te enfrentaste a gigantes ante los que antes hubieses pensado que dirías no puedo y tirarías la toalla. Seguramente este no fue un año de paz y de felicidad, pero sí fue un año de mucho crecimiento.

La persona que salió del 2018 no es la misma que sale del 2019. Eres más fuerte, luchaste contra desafíos enormes y los venciste todos. Perdiste muchas personas en el camino, pero ganaste otras. Te quebraste muchas veces pero aquí estás entero justo para terminar el año. Dios te dio la victoria en desafíos que creías perdidos, pero te tocó aprender a ser paciente, tuviste que esforzarte por mantener tu fe en medio de la tormenta.

Y seguramente te habrás preguntado ¿por qué a mí? ¿Por qué me sobreviene todo este mal? Pues bien, Dios se ha encargado de fortalecerte porque un tiempo mejor viene para ti.

2020 es un año grandioso de paz y plenitud. Todo lo aprendido, el carácter que forjaste, te ayudará a administrar y a apreciar las bendiciones que Dios te dará este año.

En 2020, verás los deseos de tu corazón realizados. Porque fuiste fiel aún en la adversidad, Dios te mostrará su mejor voluntad, a donde quiera que vayas te hará florecer, te pondrá en lugares de prestigio porque te enseñó humildad, y te hará resplandecer para ser luz en la oscuridad de otros.

Los procesos son difíciles y a veces parecen interminables, pero tienen un propósito y es el de hacernos mejores (¡mucho mejores!) para cuando llegue el tiempo de bendiciones. Porque quien no ha sido procesado poco valora la paz, la abundancia, el respeto, etc. Incluso, con un corazón no tratado corremos el riesgo de volvernos soberbios, altivos, irrespetuosos y desagradecidos.

Es por eso que Dios prepara nuestros corazones para que seamos felices sin olvidar la humildad, el respeto y la gratitud. Así que desde ahora comienza a dar gracias a Dios por el maravilloso año que te espera, pues todo está diseñado para que brilles como nunca.

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