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Familia, Psicología, Reflexiones

Nuestra familia puede causarnos heridas profundas difíciles de curar

Las relaciones son las que mueven a la sociedad, todos los días conocemos personas en nuestro entorno con las que podemos establecer o no un vínculo por tiempo prolongado. Así es que se forma lo que llamamos círculo social.

Es normal que en ocasiones tengamos diferencias de opinión con nuestros conocidos, incluso podemos sentirnos heridos por ellos pero simplemente ignoramos la situación y seguimos adelante. En cambio, cuando la herida es causada por un familiar con el que tenemos una relación de amor muy cercana, duele mucho más y se nos hace difícil manejar el conflicto.

Somos en todo momento susceptibles de ser heridos por otras personas. Sin embargo, cuando nuestra mayor fuente de dolor es la familia, sentimos de forma más intensa cada una de sus acciones negativas. La razón de este sufrimiento es que estamos programados para pensar que nuestros parientes tienen la obligación de amarnos incondicionalmente, cuidarnos y enseñarnos a caminar por la vida, no a dejarnos llenos de traumas emocionales. Pero esto no es siempre así, en muchos casos recibimos los ejemplos más negativos del comportamiento de familiares.

En el círculo familiar pueden existir personas egoístas, mezquinas, ausentes, emocionalmente inestables, entre muchas otras cosas y se desquitan con nosotros. Expresan su dolor a través de palabras groseras, comentarios mezquinos o comportamientos pasivos-agresivos.

Entonces, todo lo que sufrimos por ellos, por mucho que creamos superado ese dolor, se mantiene en un lugar en nuestro interior e influye en nuestra vida cotidiana, causándonos miedos y traumas que nos acompañan en todo momento e interfieren directamente en nuestra felicidad. Gracias a estas heridas no sanadas por la relación con estos seres negativos, podemos  desarrollar varias condiciones, tales como: depresión, ansiedad, introversión, ataques de pánico y aislamiento.

La familia representa una guía para la vida, pero desafortunadamente, no siempre son el sistema de apoyo que deberían ser, incluso pueden ser el lado más traumático de nuestra historia. Sabemos que es muy difícil superar su falta de amor y responsabilidad, mas no debemos dejar que nos quiten todas las oportunidades de ser verdaderamente felices. Se necesita fortaleza para saber que contamos con nosotros mismos para luchar por nuestros sueños y metas. Algunas heridas las llevaremos con nosotros por más tiempo, pero mientras permanezcamos dedicados a curarlas, estaremos bien.

No podemos evitar el deseo de otros de hacernos daño,  pues no depende de nosotros sino de su carácter, lo que si podemos evitar es que su maldad nos robe nuestra paz y alegría. A pesar de las heridas que nos pueden causar aquellos que amamos, podemos seguir siendo felices. Desconectarnos de algunas personas para preservar tu salud mental no es un signo de debilidad, sino de sabiduría y no importa si forman parte de tu familia.

Si algún pariente te ha causado heridas profundas, recuerda siempre esto: no eres esclavo de este sentimiento, busca ayuda y descubre un lado mucho mejor y más feliz de la vida.

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