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Estoy aprendiendo lentamente a dejar que las cosas terminen

Como dicen por ahí, todo cae bajo su propio peso. Me tomó mucho tiempo entenderlo, pero al menos ya sé a qué se refiere.

Crecí odiando los finales porque para mí eran sinónimo de decepciones, fracasos y muertes. Aprendí a aferrarme a todo y a todos como un gato con sus garras bien afiladas. Y a toda costa quería evitar el fracaso. Perdí tanto tiempo aferrándome y me hice tanto daño, que al final tuve que entender a la mala que los finales no son tan malos.

Los finales no son tan malos porque nos dan nuevos comienzos, nos renovamos. Así como sucede con el águila, que luego de despedirse de su hermoso plumaje y hasta sus poderosas garras a veces con dolor, recibe nuevas plumas más fuertes y más espléndidas y garras mucho más poderosas. El águila definitivamente conoce mejor que nadie lo valioso de un nuevo comienzo.

Poco a poco he venido entendiendo que el camino nos desgasta y que necesitamos dejar que algunas cosas se terminen para que otras, o incluso esas mismas, se renueven y sean diferentes. He estado aprendiendo que la única manera de comenzar es concluir por otro lado.

 Por eso ya los finales no me parecen tan catastróficos y deprimentes, estoy aprendiendo a verlos diferente. Estoy aprendiendo a cultivar paciencia y paz dentro de mí, para que cuando lleguen estos finales no me aflija, no me sienta insegura y tenga mucha más fe. Claro, no digo que ya lo haya logrado, pero estoy en ese camino y siento que me he quitado un enorme peso de encima.

Estoy aprendiendo a alejarme, a soltar y a dejar. Por mucho tiempo busqué compañía en otros sin satisfacer mi propia soledad. Me distraía de mis propias carencias con muchas otras presencias que al final no tenían ninguna clase de repercusión más que negativa en mí. Estoy aprendiendo lo valioso que es terminar y disfrutar de la soledad.

Estoy aprendiendo a aceptar los tiempos, a comprender que el tiempo de Dios es perfecto, no se equivoca, que la vida es cíclica y hay ciclos que debo ir cerrando para abrir otros nuevos. Ya estoy dejando de desesperarme y aferrarme, estoy aprendiendo a esperar con paciencia y soltar si es necesario.

Y con todo esto, estoy aprendiendo a sufrir menos y a disfrutar más, que al final creo es lo más importante. Quiero llegar a esa fase en la que diga adiós con paz y hasta luego con gusto. Y cuando aprenda todas estas lecciones, estoy segura, seré mucho más feliz y tendré más alegría real para compartir con otros.

Espero de corazón que también aprendas estas lecciones aunque sea poco a poco, para que sepas lo valioso y bonito que es vivir cosas nuevas. Recuerda, después del invierno viene la primavera, donde todo germina y florece.

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