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Bienaventurados los que intentan elevar la autoestima de las personas

Bienaventurados los que siempre intentan elevar la autoestima de los demás, sin envidias, ni sarcasmos, ni malas intenciones. Esto solo refleja que han encontrado la felicidad consigo mismos y que no necesitan restarle a nadie para sentirse bien.

Reconocer las virtudes en uno mismo es un reto, pero reconocerlas en los demás puede ser todavía más difícil. Sobre todo porque muchas veces reconocemos los bueno que hay en los demás desde la envidia. Pero el acto de amor más puro es hacer un cumplido sincero, elocuente y amable.

Es fácil tener la autoestima debilitada ahora que los estándares de perfección son absolutos y hasta raros. En el trabajo, en la escuela, en casa, etc. Todos tienen expectativas de nosotros y hasta nosotros mismos nos tenemos expectativas bastante exigentes y hasta poco realistas. Amarse como uno es y mejorarse a uno mismo para ser cada vez mejor es difícil.

 Todos quisiéramos tener la figura de tal celebridad, el cerebro de tal persona, la sonrisa de una modelo, el novio o la novia perfecta, el trabajo soñado, y en fin, una combinación de muchas cosas. Pero si realmente obtuviéramos todo lo que creemos que nos haría perfectos, tal vez solo terminemos siendo algo como el monstruo de Frankenstein. No nos podemos construir como un lego, porque de la misma forma nos desarmaríamos sin esencia, pero sí podemos crecer, mejorarnos y amarnos orgánicamente como las flores.

Solo cuando eso ha ocurrido dentro de nosotros y estamos creciendo, entonces podemos ayudar a otros, construirles también de manera orgánica con palabras y gestos afectuosos.

¿De dónde vienen los cumplidos reales?

De personas reales que han aprendido a amarse y respetarse a sí mismas. Estás personas saben lo valiosas que son y, al poder verte como su par, pueden ver todo lo bueno, amable y justo que hay en ti. De esa manera, con palabras y acciones nutren tu autoestima como también se dedican a nutrir la suya. Las personas que dicen cumplidos reales a otros a menudo saben cómo decírselos a sí mismos, de esa manera, construyen su autoestima.

Por tanto, bienaventurados (tres veces bendecidos) los que dicen cumplidos reales, los que no temen reconocer las virtudes de los demás, los que se esmeran en ayudar a otros a reconocer su propia estima, pues ellos han aprendido a amarse tanto y han crecido tanto en ese proceso, que no necesitan desmeritar ni desvalorar a nadie.

El mundo está lleno de personas que quieren empujar a otras, que quieren opacar el brillo de quienes están a su alrededor para brillar más. Estas personas están tan lejos de sí mismas que no saben cómo amarse y respetarse. Porque cuando se tiene una verdadera autoestima, no hace falta aminorar a nadie para considerarse uno mismo valioso e importante.

Es por eso que son bienaventurados aquellos que siempre intentan elevar la autoestima de los demás, porque solo están reflejando la riqueza que abunda en sus corazones. Sus mentes son libres y sus corazones están completamente sanos.

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