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Un niño sano es inquieto, ruidoso, espontáneo y emotivo

A un niño sano le encanta el juego, hacer ruido y tocar las cosas. No sabe ser paciente y llora cuando se frustra.

Como padres, intentamos moldear el carácter de nuestros hijos para que sean pacientes, calmados, asertivos y bondadosos. Esa es nuestra misión. Pero la naturaleza de los niños es opuesta, ellos son inquietos, quieren tocar todo por curiosidad, lloran y pierden los estribos con facilidad. En todo esto hay muchas conductas que corregir a lo largo de su crecimiento, pero también hay señales muy claras de que tienes bajo tu cuidado a un niño saludable.

Estamos criando con excesos: demasiada información, demasiadas cosas materiales, demasiadas opciones, demasiada velocidad. La mejor manera de criar a un niño es volver a lo simple. Seguramente tus padres se equivocaron mucho contigo, pero también hicieron muchas cosas bien. Parte de lo bueno que hacían los padres de generaciones pasadas es que lo mantenían simple. A los niños se les decía lo que necesitaban saber, se les exigía menos conocimiento, se les priorizaba el tiempo para jugar por encima de cualquier cosa, y finalmente se les trataba como niños.

Nuestros niños de hoy están expuestos a una maquinaria mediática imponente. Ahora más que antes los niños quieren ser adultos lo antes posible y se les brinda una cantidad de información como si ya fueran adultos. No se respeta la niñez.

A los niños también se les exige comportarse con una “madurez” que no es propia de su edad. Se han creado campañas en contra de la niñez en redes sociales que son realmente reprochables. Algunos restaurantes ponen letreros de que no aceptan niños, otras personas sin más publican en redes sociales que los padres no lleven a sus hijos en vuelos, en paseos, etc. porque son “molestos”. Estas campañas anti-niños quieren aislar a los pequeños de la sociedad por todo lo que representan: ruido, alegría, emociones, travesuras. Quienes piensan así se olvidan de que alguna vez fueron niños, o simplemente fueron niños muy infelices.

El juego y las travesuras son la esencia de la niñez

Si tu hijo no está lo suficientemente sucio para ir a la bañera es porque no ha jugado lo suficiente. Si en un mismo día no ha pasado del llanto a la risa y de lo parlanchín al silencio, tal vez no está desarrollando todas sus emociones. Y si tu hijo no te hace travesuras, sino que siempre “se porta bien”, tal vez debas examinar si algo malo está pasando.

Un niño sano comete travesuras y se gana sus castigos. Un niño sano es ingenioso y espontáneo y ya se inventará la manera de meterse en líos. En todo caso, tu trabajo como padre es estar allí para orientarle, corregir lo malo e impulsar lo bueno.

Permítele a tu hijo vivir una infancia plena y feliz con mucho ruido, muchos colores y travesuras. No seas demasiado severo ni demasiado permisivo, mantenlo simple, no lo rodees de cosas, información ni le exijas demasiado. Déjalo ser simplemente un niño.

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