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Amor, Psicología

¿Por qué caemos en dependencia emocional?

Todos somos dependientes. Desde el comienzo de nuestra vida, en el vientre de nuestra madre, dependemos de ella para las necesidades más elementales como respirar y alimentarnos. En adelante, mientras crecemos, nuestra dependencia es menos fisiológica y más social y emocional. Lo cierto es que todos cuando llegamos a la etapa adulta tenemos aunque sea cierto grado de dependencia con otras personas.

Durante la adolescencia luchamos por conseguir nuestra “independencia”, es lo que más deseamos tener. Pero la independencia es una utopía, no necesariamente es buena pues el amor maternal, fraternal y todos los tipos de amores no son precisamente independientes.

Dependencia emocional ¿natural o patológica?

Tenemos dos extremos en este dilema. Como ya hemos expuesto, la dependencia parece venir arraigada en la naturaleza humana, no importa que tan lejos o rápido busquemos escapar, siempre estaremos bajo el lazo de la dependencia en algún aspecto de nuestras vidas.

 Ahora bien, la psicología nos ha enseñado que la dependencia emocional es dañina. Dejamos de ser o hacer por el otro, y eso cuartea nuestros rasgos de personalidad y nuestras libertades.

Hay que aclarar que si buscas ser independiente, no necesitar de nadie y llevar a cabo tu proyecto contra viento y marea sin pedir ayuda, sin expresar tus emociones y demás, en algún momento vas a colapsar y la caída será bastante fuerte. Porque naturalmente como humanos nuestra salud mental también depende de cómo vivamos en comunidad. Parte de nuestro bienestar depende de qué tan apoyados nos sentimos y qué tan valiosa es nuestra ayuda para otros.

Pero ¿cuándo la dependencia se vuelve patológica? Es realmente peligrosa para ti cuando fijas tu dependencia en una sola persona, y cuando esa persona asume toda la responsabilidad de nuestro estado emocional.

En otras palabras, si solo esa persona influye en que estés de maravilla o terriblemente mal, eres esclavo de la dependencia emocional. Supongamos que necesitas ir al banco pero no te gusta ir solo, así que le dices a tu pareja que te acompañe; por alguna razón no puede hacerlo y ocurre una de dos cosas: o dejas de hacerlo y vas sintiéndote terriblemente miserable.

Es un ejemplo muy vago, pero ciertamente, cuando nos toca enfrentar cosas que no nos gusta hacer o que no podemos hacer solos, necesitamos apoyo. Aplícalo a situaciones más complejas de la vida. Cuando tus opciones se reducen a una sola persona y hasta llegas a sentirte culpable si involucras a otra persona como solución, tienes una terrible dependencia emocional.

Depender es natural, pero cuando recibes una negativa de una persona allí no debería terminar la historia, sino que deberías poder sentirte en la libertad de contar con otras personas para buscar apoyo. Puede ser lindo que quieras hacer todo con tu pareja y que busques su aprobación en cada contexto de la vida, pero hay una línea muy fina que a veces se desdibuja y nos hace caer en una dependencia dañina.

Debes saber, que en una relación co-dependiente, ninguno de los dos crece y el vínculo insano tarde o temprano se desmorona.

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