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La muerte de un perro es tan dolorosa como la perdida de un ser querido

El duelo es, sin duda, un proceso doloroso y lento, el momento cuando más necesitamos el apoyo de nuestros familiares y amigos. Pero al tratarse de la muerte de un perro ¿recibimos el mismo afecto o comprensión? La psicología ahora explica por qué la muerte de un perro puede ser más dolorosa que la de un humano de nuestro círculo familiar. 

Así, que si estás pasando por este difícil proceso o conoces a alguien en una situación similar, te aclaramos que cosas influyen para que se experimente un luto tan significativo.   

Las múltiples pérdidas vividas en el duelo por una mascota 

Un análisis la psicóloga Julie Axelrod, inspirado en conversaciones con muchos dueños de mascotas, afirma que estas muertes acarrean otras múltiples pérdidas y la posibilidad de experimentar la soledad.  ¿A qué se debe esto? 

En principio porque el amor que entrega un perro es incondicional, no depende de nuestros errores, debilidades o preferencias. Una mascota nos ama por lo que somos con una plena aceptación de nuestra naturaleza y personalidad. A diferencia de las relaciones humanas donde se nos puede medir por las acciones y comportamiento. Lo cierto es que con una mascota somos nosotros mismos. 

Asimismo, para muchas personas un perrito significa un modo de paternidad, no convencional, pero sí muy importante, la cual se satisface a través de responsabilidades y mimos. Los dueños asumen un compromiso por mejorar constantemente la calidad de vida de su mascota, adaptándose para satisfacer las necesidades de su hijo adoptivo. 

Para Axelrod hay otro aspecto crucial y es que podemos perder el “testimonio de vida”, es decir, la facultad de ser completamente desinhibidos, plenos y auténticos. Tener una mascota también es una forma genuina de ver y experimentar el entorno. Además, está el apoyo, solidaridad y seguridad que recibimos en los periodos de tristeza y ansiedad. 

Finalmente, estaría el proceso más difícil del duelo: el cambio de rutina. Hay muchas actividades diarias que se pueden realizar con un perro, tiempo de interacciones, paseos y diversión. Incluso, el momento de la comida y el descanso marcan el ritmo de un modo de vida que se transforma repentinamente por el luto. 

La culpa, la eutanasia y la negación 

Estos elementos pueden complicar el duelo. No es extraño pensar que se puedo “hacer más” o “actuar de modo diferente” para salvarle la vida, alargarle los años o prevenir los lamentables accidentes. Del mismo modo, la difícil decisión de la eutanasia para aliviar el dolor de la mascota afecta el apego y va en contra del instinto de supervivencia.  El reprimir las emociones, negarse la oportunidad de sentir la tristeza solo impiden que podamos avanzar hacia la sanación. 

Pasos para mejorar 

-Ser paciente: el duelo tomará el tiempo que sea necesario, la tristeza es real. 

-Buscar apoyo, aunque no lo creas puedes encontrar a una persona que haya pasado o esté en tu misma situación, con ella puedes hablar con franqueza y desahogarte. 

 -Escribe la experiencia con tu perro, una buena forma de preservar las vivencias juntos. 

-Haz tu ritual. Sí, un funeral, Esta es la forma ceremonial de despedirse. 

-Mover las posesiones: al principio puedes llevarlas a otro lugar de la casa hasta que puedas quitarlas por completo. Esto facilitará la transición. 

Un perro es un compañero único, que llega a nuestras vidas para enseñarnos el significado del verdadero cariño. Por ello, esperamos que estos datos te ayuden a ser más comprensivo con otros y contigo mismo.

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