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Cuando odias el más afectado eres tú mismo

Una de las cosas que hacemos cuando decimos odiar a alguien es estar pendiente de todo lo que hace, sin darnos cuenta destinamos parte de nuestra energía a desear cosas malas, a querer que fracase esa persona, a desear que le vaya mal. En realidad pocas veces las cosas pasan como queremos, pero ese sentimiento, si, sentimiento, porque aunque no lo creas el odio es un sentimiento, nos hace mucho daño a nosotros mismos.

Lo contrario de amar, querer o estimar a una persona no es odiarlo. Amar es un sentimiento y odiar también lo es. Por lo que la persona por quien tienes algún tipo de sentimiento, es importante para ti. Ya sea que le deseas el mal o el bien, estás dedicando parte de tu tiempo a pensar en ella.

Si los deseos son buenos, te llenas de buenas vibraciones, pero sin son malos, tu cuerpo se carga de cosas negativas, que no llegan a esa otra persona y que solo te afectan a ti.

Lo contrario a amar, querer o estimar, es la indiferencia, cuando alguien te es indiferente, no lo piensas, no le deseas cosas buenas, ni malas, simplemente no es importante para ti. Entonces ¿Crees que al odiar le haces daño a la otra persona? Pues no, el daño más grande te lo haces a ti mismo.

Como te afecta el odio

Cuando odias, tu mente y tu cuerpo sufren algunos cambios que no son favorables para ti, es por eso que odiar no es sano y no perjudicas a nadie más que a ti con ese sentimiento nefasto.

  • Te conviertes en una persona egoísta.
  • Sentimientos malos inundan tu alma, te llenas de rabia y rencor.
  • Al final, de tanto espiar la vida de esa persona y ver que no le va mal, terminas albergando la envidia.
  • Te conviertes en una persona hostil, repulsiva, agresiva.
  • Se eleva tu ritmo cardíaco y tu presión sanguínea, pudiendo ocasionar daños a tu corazón.
  • La pérdida de energía y enfoque y el sentimiento de ira causan daños a tu sistema digestivo.
  • Aumenta el estrés.
  • Dejas de actuar con coherencia.
  • Alejas no solo a la persona que odias, sino a aquellos que no están de acuerdo con tu comportamiento.

En un principio puede que no sientas estos síntomas, pero si no dejas de odiar y aprendes a perdonar y ser indiferente ante la gente que no quieres a tu lado, con el tiempo tu cuerpo se resentirá y comenzará a dar estas muestras.

La otra persona no sabrá lo que te pasa, no sufrirá con lo que sientes, y tú habrás perdido tu tiempo, tu energía y tu salud con un sentimiento dañino que a la única persona que habrá perjudicado es a ti.

Aprende a perdonar, a darle a cada cosa el valor que tiene. No importa que grave haya sido lo que esa persona te hizo, la vida le pasará su factura. De este mundo nadie se va sin pagar sus deudas, pero no tiene que ser a costa de tu salud y tranquilidad.

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